El maestro, forjador de voluntades

Una función inigualable. Foto: Tomada de InternetUna función inigualable. Foto: Tomada de InternetLa sociedad se prestigia y prestigia a los maestros. Debemos asumir que los educadores además de impartir conocimientos en el amplio espectro de asignaturas en cualquiera de las enseñanzas, transmiten en el propio contexto del proceso de instrucción-aprendizaje los valores éticos, patrióticos, humanos y espirituales.

La relación armónica propicia el crecimiento espiritual del individuo porque el magisterio es una obra de infinito amor que se sostiene en pilares fundamentales, donde la relación maestro-alumno está encaminada a proponer alternativas de vida, sobre la base de pensar y enseñar a elegir por sí mismo.

El maestro por su naturaleza humana es parecido a cualquier otro individuo, sin embargo, el ejercicio de la profesión lo convierte en alguien especial. La influencia que ejerce en los discípulos lo transforma, recordamos al maestro para toda la vida porque desde el aula llega a la sensibilidad, provoca, mueve las fibras más sensibles, las lecciones trascienden los límites de la escuela y nos acompañan siempre.

A lo largo de nuestras vidas son muchos los maestros que inciden en nuestra educación. Ellos contribuyeron desde la instrucción y la educación a formar nuestra naturaleza. Es el magisterio la forja de voluntades, de valores en el empeño de preparar al individuo para que pueda coexistir e interactuar en la sociedad.

El mayor estímulo al maestro es el reconocimiento de los alumnos, es comprobar cuánto aportó y logró a partir del ejemplo porque deviene en paradigma ético-moral.