Yarisley Silva. Foto InternetNo era tu día Yarisley. Definitivamente no era tu día. Lograr el sueño de una medalla olímpica no estaba reservado para ti. Te marchas de Río de Janeiro, con una deuda eterna. Te vas con lágrimas en los ojos y el lamento por no regalar una presea a tu pueblo.
Ni era tu día, Yarita. Fallar en el primer intento sobre los (4.60) fue un aviso del fantasma que asechaba tu paso por los cielos de Río. Tres veces intentaste los (4,70) sin éxito. Una altura conocida, muchas veces burlada por ti y tu depurada técnica. Esta vez estuviste muy paralela a la garrocha. Te faltó despegue. Tú misma lo reconoces.
No pudiste, Yarisley. A pesar de todo, Cuba te aplaude. Sabe de tu esfuerzo, sacrificio y dolor por no tocar la gloria. Por derramar lágrimas que muestran tu vergüenza deportiva. Se sabía una disputa difícil. Consagradas y noveles eran pretendientes al reino del Olimpo. Las cámaras te buscaban, te seguían. Eras favorita por tu condición de campeona mundial y subtitular olímpica. ¡Que lastima, Yarita! No era tu día. Esta derrota cierra un episodio gris en tu carrera. El oro olímpico sigue siendo esquivo por ahora. Deudas con el entrenamiento, poca presencia en la élite mundial y mucha presión en ti misma, marcaron el adiós.
Te marchas sin medallas. Cabizbaja, triste, incómoda por no robarle al cielo de Río el regalo de una presea para Cuba. ¡No importa Yarisley! Eres joven aún. Otras citas estivales esperan por tu presencia. También se fueron Fabiana Murer y Jennifer Shur. Ellas querían una medalla y tampoco pudieron. Ahora le tocó a Ekaterini Stefanidi de Grecia. Fue la mejor y mereció el olimpo. No era tu día Yarisley. Ahora un descanso y a comenzar de nuevo. Cuatro años por delante para Tokio. Quizás en la tierra del sol naciente, encuentres el oro que le falta a tus vitrinas. El que ahora te fue esquivo, porque no era tu día Yarisley.