Lo habitual, durante siglos fue encontrar a la mujer en el hogar, como ama de casa, ocupándose de las labores domésticas y sobre todo, del cuidado de los hijos. Aún en la actualidad, algunas culturas imposibilitan a las féminas de realizar trabajos pesados, o simplemente de ocupar un puesto laboral, pues es vista como el sexo débil, frágil e incompetente. Estas creencias machistas son además muestras de discriminación, que afortunadamente en nuestro país, disminuyeron casi al punto de desaparecer. No digo que no existan pensamientos así, puede haberlos, pero Cuba es un ejemplo fidedigno de la valentía, de la fuerza y la entereza que nos distingue como mujeres.
Somos parte importante de esta sociedad, más allá de nuestro rol de esposas, madres o amas de casa, somos trabajadoras. Pienso que es válido destacar el desempeño de todas las mujeres que en el Ariguanabo ocupan puestos de dirección, las delegadas que ocupan una doble responsabilidad, las que trabajan en las labores agrícolas…en general, todas las esferas llevan implícita la presencia femenina, con mucha disciplina, amor, y la ternura con que adornan cualquier tarea.
Es de reconocer además, su participación en las tareas que encomienda la máxima dirección del país…y aún así, a pesar de que a veces no alcancen las 24 horas de un día para tanta faena, se puede salir ilesa de la batalla, con una sonrisa que ilumine todo a nuestro alrededor.
Y luego, cuando todo termina, siempre hay una frase de aliento para la familia, un hombro para apoyar a los seres queridos…un arrullo a ese bebé que esperaba ansioso la llegada de su madre. Usted coincidirá conmigo en que no hay obra que pueda llevarse a cabo sin la presencia de la mujer, sin su compañía, sus ideas creativas o esa capacidad de volar tan lejos, aun con los pies bien puestos en la tierra.