Gratitud universal a Carlos Juan Finlay, protector de la vida

Carlos Juan Finlay. Foto InternetCarlos Juan Finlay. Foto Internet Evocar a Carlos Juan Finlay es enaltecer su contribución a la salud humana, la celebridad de este cubano, la tenacidad y empeño científico le permitió descubrir al agente transmisor de la fiebre amarilla, el 14 de agosto de 1881 defendió la teoría en Washington como representante del gobierno colonial, ocasión en que enunció por primera vez el gran avance científico.

La revolucionaria teoría refutaba concepciones, el genial galeno reveló a través de sus estudios que la propagación de la mortífera enfermedad era fruto de un vector, ese que aún hoy se pasea por nuestro entorno, nos ataca y puede ocasionar la muerte en casos extremos.

Denominado hoy aedes aegypti, el enemigo de la salud humana con la picada a un enfermo es capaz de traspasar el germen a un individuo sano, esta verdad que nos pone en aviso, era desconocida y gracias a la contribución y el legado permanente se realiza la batida a partir de las ideas de eliminar las larvas en los propios criaderos y en cualquier depósito  que sirva como hábitat. Carlos Juan Finlay, médico y científico cubano murió el 20 de agosto de 1915 es expresión de la voluntad y la virtud por el bien común.

Salvador y protector de la humanidad fue víctima de las limitaciones a las ciencias y los frenos mediáticos de la ocupación norteamericana no obstante, la medicina cubana da gloria eterna a este científico notable no sólo en descubrir al aedes aegypti como agente transmisor sino que de forma práctica dio solución al problema del tétanos infantil y otros estudios que le hacen acreedor de la gratitud universal.