Idalys Ortiz ganó una plata con sabor a oroCuatro minutos en el tatami no fueron suficientes. Tiempo extra y una técnica de sacrificio para esquivar el ansiado oro, te negó el sueño dorado de Londres. Podías tocar el cielo del olimpo. Llegaste como nunca. Fuerte, segura, convencida de tu segundo oro. Cuba entera peleó contigo. Agarres a la solapa de la rival, giros de cadera para proyectar y distantes los brazos para evitar cualquier acción positiva, matizaron el combate. ¡Gran combate, Idalis! Tiempo establecido y no sucedió nada.
Entonces, regla de oro. Cualquiera de las dos podía ganar. El agotamiento físico se reflejaba en el rostro. Era otro rival en el tatami. Todos esperaban que fueras tú la ganadora, incluso los propios franceses. Sorpresivo ipón esquivó el sueño dorado. No estás en lo alto del podio, pero sigues siendo reina en citas estivales. Un escollo en el camino resultó la francesa Emilie Andeola. Ella no era desconocida, pero tampoco favorita. Ambas pelearon por el oro. Ella aprovechó tu fallo en técnica de sacrificio y lo colgó en su pecho.
No importa Idalis. La plata nos sabe a oro. Satisfecha, pero no feliz, despides tu participación en Río de Janeiro. Tres medallas olímpicas en igual cantidad de citas estivales, avalan tu calidad como judoca. Bronce en Beijing, oro en Londres y plata en Río, dicen que eres la más estable. Te marchas de Brasil con plata. También con la sonrisa de siempre y esas trenzas, color de la bandera, que encendieron la polémica y enfadaron a los japoneses.
Siento el sabor en aro en estas líneas que escribo por tu medalla de plata. Un nuevo reto enfrentarás a partir de hoy. Ser madre y luego regresar. Regresar por un nuevo podio bajo los cinco aros. Estoy convencido. No lo dudes muchacha. Artemisa brilla en el olimpo gracias a tu reinado.