Fidel Castro en sus 90 años. Foto: Internet Nació con el ángel de la victoria tatuado en el alma. Sabía que el deporte hermana a los pueblos y ennoblece a los mortales, por esa y muchas otras razones, lo practicó con éxito.
Pateó balones de fútbol con maestría, encestó canastas con estilo único, después de burlar la marca, nadó con estirpe de atleta olímpico en piscinas o mar abierto, jugó béisbol y practicó la pesca submarina.
Así transcurrió la vida del protagonista de esta crónica en su paso por el deporte. Tenía la estirpe de un líder innato. Compromisos mayores con la patria le alejaron de la actividad física organizada. Aun así, siguió siendo deportista. Solo que no volvió a calzar zapatillas, empuñar el bate o vestir en short y camiseta.
Supo la necesidad de renovar el movimiento deportivo de la isla para beneficiar al pueblo. Oficializó la organización de las Series Nacionales de Béisbol, en el lejano febrero de 1961. Comenzó así el reinado de la pelota libre sobre esclava. Resultó motor impulsor de los Consejos Voluntarios Deportivos, el programa de la Educación Física y la institución de las escuelas deportivas, cantera de nuestros campeones olímpicos y mundiales.
Sonríe, reflexiona, ofrece criterios válidos para la confección de este o aquel equipo. Sabe que la patria os contempla orgullosa la humildad de sus atletas, esos que no son mercancía, solo ídolos del pueblo. No abandona el traje verde olivo, tampoco el andar firme y erguido en el escenario de las ideas. Se sabe figura inspiradora para los protagonistas de épicas batallas.
Así lo testifican el barco Cerro Pelado y su aguerrida delegación, el equipo de béisbol que ganó el Mundial en Managua, Nicaragua, con el jonrón de Agustín Marquetti y el que jugó ante los Orioles de Baltimore en el Latinoamericano.
Este vencedor fue capaz de pensar en futuro con la creación de los Juegos del ALBA, las Olimpiadas del Deporte Cubano, las simultáneas gigantes de ajedrez y el programa Barrio Adentro Deportivo, creado junto al eterno Comandante Hugo Rafael Chávez Frías.
Estrellas del deporte mundial sintieron el orgullo de compartir sus palabras. Diego Armando Maradona, le regaló un balón de fútbol, él su gorra militar. Mohamed Alí, adoptó la posición de combate y simuló una riposta. Él le respondió en pose similar para la prensa. Esas son pruebas de su grandeza, sencillez, humildad.
Así es el hombre que inspira esta crónica. Eterno vencedor del tiempo. Nonagésimo amante de la salud física y mental. Mortal de su tiempo, emancipador de futuro, hacedor de sueños. Su nombre es pueblo, se llama Fidel Castro Ruz.



