Marlon con los niños festejando el cumpleaños de Fidel. Fotos: Cortesía del autor
Existen fotos para guardar. Fotos que reflejan la historia, rememoran acontecimientos, despiertan emociones, inmortalizan héroes, describen a líderes. Ese es el caso del niño que motiva esta crónica.
Crece inspirado en su ídolo. Lo emancipa, lo idolatra, lo cuida desde su mirada inocente a pesar de sus cortos diez años. Fotos para guardar atesora por cientos. A inicios parecía un juego, después, toda una realidad. Tenía apenas tres años cuando conoció de la figura de Fidel. Un día, caprichoso quizás, quiso recortar una foto de aquel hombre que llamó su atención al verlo en la tele. Por instantes, dejó las travesuras de su edad, sin saberlo, pasó a la historia. Después llegaron otras fotos, y otras y otras… hasta convertir el cuarto en un rincón para el Comandante.
Un niño y sus fotos. Todos lo conocen, lo admiran, lo quieren. Lo que parecía un juego es algo muy serio, algo único en la Isla. Periodistas, escritores, artistas y compositores, visitan su hogar. Dejan constancia de la admiración que sienten por el pequeño de ojos expresivos, diminuta figura y sonrisa alegre.
Admira todas sus fotos. La que más le gusta es la que guarda su encuentro con el líder histórico de la Revolución Cubana, en respetuoso saludo militar. Allí está Marlon, vestido de verde olivo, igual que aquel barbudo que navegó en el Granma, subió a la Sierra y combatió en Girón.
Diez años de un niño. Noventa de un líder. Dos vidas diferentes, una utopía que dejó de serlo. Marlon Méndez Cabrera y Fidel Castro Ruz, tienen su vínculo, el amor, ese que atesoran las fotos de un rincón para la historia.