Indio Naborí. Foto Internet
En los últimos años de la década del cincuenta del siglo pasado, la radioemisora Circuito CMQ, transmitía entre las diez y las once de la mañana, el programa Competencia Nacional de Trovadores. Consistente en animadas controversias de los más notables repentistas cubanos, el espacio sirvió para promover la controversia del siglo entre Angelito Valiente y el Indio Naborí.
Ante el reclamo popular de convocar una nueva controversia entre el matancero Jesús Orta Ruiz y el ariguanabense Ángel Miguel Valiente Rodríguez, se concentraron en el Casino Español de San Antonio de los Baños, cerca de dos mil personas.
Era el 15 de junio de 1955. Con un jurado de prestigiosos poetas integrado por Raúl Ferrer, José Sanjurjo y Rafael Enrique Marrero, los contrincantes improvisaban mientras que la taquígrafa y poetisa María de los Refugios Segón, dejaba constancia escrita para la historia de las ardientes espinelas.
El fallo del jurado: un empate. Los espectadores no quedaron satisfechos. Los decimistas tampoco. Por tal motivo fue convocado un nuevo encuentro para el 28 de agosto del propio año. En el estadio de Campo Armada, reparto Lucero, La Habana, y ante diez mil espectadores, se efectuaría el desempate. Esta vez el fallo del jurado dio como vencedor al Indio Naborí. Ambos encuentros pasaron al mundo de las leyendas. Tal fue su impacto popular y su nivel poético, que aún se les recuerda.
Angelito Valiente y el Indio Naborí, versaron sobre los temas impuestos por el jurado: el amor, la muerte, la libertad, el campesino y la esperanza. Los cantores rivalizaban lanzando sus décimas a un público que respondía enardecido en cada intervención. Estos son los versos de Naborí:
Amor NO es pedir: es dar
la casa, el lecho, la mesa...
Es -según Santa Teresa-
la alegría de alegrar...
Ser feliz al escuchar
la risa de los felices,
ver los humanos deslices
con el perdón más profundo,
¡sentir que el tronco del mundo
tiene en nosotros raíces!
Estas son las décimas improvisadas por nuestro Angelito Valiente, en respuesta a las de su rival poético, el Indio Naborí:
Y por el amor también
el hombre se ofusca y mata
cuando la mujer ingrata
no le corresponde bien.
Cuando traición y desdén
marchitan su amor profundo,
cuando un loco furibundo
se arrebata y busca el pecho
que le ha robado el derecho
de ser feliz en el mundo.
Poesía vinculada directamente con el pueblo, al que está destinada; acto efímero y de gran intensidad, rodeado de la emoción, de la belleza que se esfuma en el acto mismo de manifestarse. La fusión de la palabra y la música nos lleva a los orígenes mismos del arte poético: ni escrita, ni recitada, sino cantada. La poesía improvisada es la conjunción de palabra, música e interpretación, es ritmo poético, musical y corporal. Estas confrontaciones reflejan una tradición renovada. En el volumen Décimas para la Historia. La controversia del siglo en verso improvisado, aparecen publicadas para el disfrute de todos. Al leerlas será difícil creer que nacieron como poesía improvisada, casi espontáneamente, al ritmo rápido e implacable de un laúd.
La intensidad social con la que se vivió el enfrentamiento poético-musical entre el Indio Naborí y Ángel Valiente, confirma que no fue la belleza de unas formas aún inexistentes la que atrajo a aquel público, sino el acto del enfrentamiento en sí, la situación esperada. La poesía improvisada es un acto arriesgado en el que se puede vencer y ser vencido, en el que el aplauso reconoce, junto a la belleza del resultado, el valor del actuante. Sirva este artículo para avivar en el corazón del pueblo, el gusto por la espinela.

