Cuando se escapa el sueño

Dayaris Mestre. Foto InternetDayaris Mestre. Foto Internet

Cuando se escapa el sueño de una medalla olímpica, la decepción irrumpe en el alma del atleta y solo encuentra alivio en el llanto. Eso le sucedió a la cubana Dayaris Mestre en la división de los 48 kilogramos en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Estuvo cerca de una presea, pero se escapó tan rápido como un sorpresivo ipón.

Desapareció la sonrisa y las palabras se resistieron a ser pronunciadas. Se escapó el sueño de una medalla olímpica. Pudo más la ansiedad, los deseos y la falta de control en el combate preciso. Solo restaban dos minutos y con ventaja de dos penalizaciones sobre la kazaja Galbadrakh Otgontsetseg, cometió un gravísimo error táctico que la privó de una bien luchada medalla de bronce.

El camino fue duro en busca del sueño. Lo recorrió sin contratiempos en los primeros tres combates. Entre ellos estaban rivales de lujo. La española Julia Figueroa, fue su segunda rival. Ocupante de la quinta posición del ranking olímpico, la ibérica cayó por ventaja de wazari y juko. Después en su propio patio, doblegó a la campeona de Londres, la brasileña Sara Menezes, cuarta del listado mundial. Estaba por llegar la consagración, la ansiada medalla.

En semifinales tropezó con la sudcoreana Bokyeong Jeong, octava en la relación del planeta. Desespero, ansiedad, deseos de imponerse, la llevaron al fracaso. La oponente esperó cautelosa, aprovechó bien el agarre en el yudogui y dos wazaris de pulcritud técnica mandaron a Dayaris a la disputa del bronce.

Podía lograrlo. Lo sabía su entrenador. El Yayabo y Cuba estaban con ella. El sueño más cerca que nunca. Dos minutos para tocar el podio olímpico, pero… un error grave la llevó al tatami de forma estrepitosa y sorpresiva. Impón y un quinto lugar que no quería.

Duele saberse con opciones. Es verdad Dayaris. Peleaste como nunca antes. Brillaste como una estrella ante las mejores del mundo. Dejastes sin medallas a la campeona olímpica, esa a la cual no le habías ganado este año. ¡Excelente faena, muchacha! Eso no te complace, lo sé. Querías tu medalla. Ahora no pudo ser. Quizás en Tokio llegue la consagración.