Todo lo que hagamos a favor de evitar las pérdidas humanas y materiales contribuye al bienestar personal, a la calidad de vida y posibilita el desarrollo de los proyectos individuales y sociales.
Tener percepción de riesgo implica asumir con responsabilidad la vida, con ello nos referimos al cumplimiento de normativas, leyes y sobre todo, la premisa de que tras el calificativo de accidente no podemos escudarnos porque siempre la prevención pone freno a la irresponsabilidad, al descuido, desconocimiento y otras razones que se evidencian ante la ocurrencia de los accidentes ya sea en el hogar, en el centro de trabajo, en la vía o en otros espacios que compartimos a partir de la vida en sociedad.
Precisamente en la etapa estival la posibilidad de compartir en familia se manifiesta en la concurrencia de mayor número de personas, por ello en el hogar es necesario extremar las medidas, más aún si hay pequeños. Los adultos debemos eliminar los obstáculos y utensilios peligrosos que puedan causarles a los niños algún daño corporal.
En la vía es necesario mostrar atención a choferes y peatones, pues ambos tienen que cumplir con lo contemplado en la ley 109 de Seguridad Vial. Por ello hay que elevar el control sobre los conductores de ómnibus de transportación de pasajeros, ellos tienen que ser responsables y no ingerir bebidas alcohólicas si van a conducir.
La prevención de accidentes en el verano nos permite el disfrute de todas las opciones con favorables perspectivas de la vida y de los proyectos futuros que incluyne al individuo y a la sociedad por el costo que implican los accidentes.


