Francisco Roney Estévez dominó la carrera. Foto: Carlos E. Rodríguez
El Andarín volvió a correr. Volvió a dejar sus zancadas en las calles y avenidas de San Antonio de los Baños. Volvió con la sonrisa de campeón que siempre le caracterizó. Volvió en el esfuerzo del niño Orlando Rodríguez Ortega, ganador de su categoría, en la constancia de la joven Yania Valdés González, y en la confianza en la victoria de Orlando Rodríguez Díaz, atleta de la categoría especial y campeón olímpico el pasado año en Los Ángeles.
Así volvió Félix “El Andarín” Carvajal. Volvió para mantener viva la tradición de las maratones en Cuba. Volvió porque sabía que el Premio Ramón Benito Pérez, es parte activa de una carrera que perdura y crece.
Todos corrieron en honor al Andarín. También saludaron el aniversario sesenta y tres de la gesta monadista. Manolito y Regil, fundadores de esta lid, no corrieron esta vez. No sudaron la camiseta en el asfalto por estar lesionados, pero fueron parte activa en la organización de la justa.
Una maratón para guardar. Por coincidencia feliz, fueron sesenta y tres los andarines que tomaron la arrancada. Sesenta y tres mortales que tomaron por asalto los kilómetros del recorrido para hacer historia, igual que sus antecesores. Aquellos por una Cuba libre del tirano, estos por mantener vivo el legado de muchos que fundaron la maratón en la Villa del Humor y ya no están.
El Andarín volvió a correr. ¡Claro que lo hizo! Yo disfruté de la carrera desde mi puesto de cronista y viví la emoción de ver llegar a cada corredor. En cada uno de ellos estaba el legado de Félix Carvajal, el hombre que corrió sin zapatos en los Juegos Olímpicos de San Louis, Estados Unidos en 1904 y unas dichosas manzanas le arrebataron el podio.
Esta carrera es en tu nombre Andarín. No llegaste la gloria olímpica, pero vives en el legado imperecedero de todos los ariguanabenses, esos que cada 25 de julio en esta maratón dignifica tu historia de corredor.