“Lo que hacemos debe ser sometido constantemente a la crítica constructiva por parte de todos”. Así expresó el presidente cubano Raúl Castro la reunión del Consejo de Ministros, efectuada en mayo del año 2015.
Destacó que “todos los cuadros y funcionarios a cada nivel, desde San Antonio a Maisí, tienen que hacer un análisis crítico del cumplimiento de las tareas, dar su opinión en el lugar adecuado, el momento oportuno y con las formas correctas, acerca de la aplicación de las decisiones, para rectificar errores antes de generalizar los experimentos”.
Al señalar los aspectos negativos que han lastrado el buen hacer de estas formas de gestión, Raúl Castro apuntó que “no todos han comprendido correctamente el carácter experimental del proceso, ni la prioridad para aplicarlo en sectores que tienen un alto impacto en el desarrollo de los territorios”.
La contralora general de la República, Gladys Bejerano Portela, dio a conocer a los miembros del Consejo de Ministros la situación de las indisciplinas, ilegalidades y manifestaciones de corrupción administrativa detectadas. El principal móvil, comentó la contralora, continúa siendo el desvío de recursos para la venta ilícita y el enriquecimiento indebido. Las actividades con más afectaciones se concentran en inventarios, contratación, facturación, combustible, entrega y uso de la tierra, normas de consumo y mermas. Entre los modos de operar, señaló la falsificación de documentos, transferencias ficticias y apropiación del efectivo no depositado en los bancos, fraudes en nóminas e introducción ilegal de mercancías. Refirió, también, la realización de pagos indebidos por servicios que no se pactaron o no se realizaron, así como el favorecimiento a proveedores.
Todos estos criterios en mi opinión deben analizarse con detenimiento pues cada decisión que tomemos será importante con el propósito de evitar ese mal que corroe a muchas sociedades, incluyendo a la nuestra.
La malas decisiones solo entorpecen el buen desarrollo de la sociedad, pues abren una brecha al enriquecimiento de aquellas personas que no realizan su labor de la manera correcta, solo aprovechan los recursos de que disponen desde su puesto de trabajo para obtener beneficio propio y ello es una actitud irresponsable que afecta el bienestar de todos.
También concuerdo con Gladys Bejerano Portela quien expresó que no todos los cuadros y dirigentes, en la base y en niveles intermedios, han interiorizado su responsabilidad en la implementación de sistemas de control interno que permitan la detección y el enfrentamiento oportuno de las manifestaciones de ilegalidad”. “Resulta esencial trazar estrategias integradas y acciones sistemáticas para cambiar la percepción y la actuación de las administraciones ante estos problemas; fomentar la repulsa social; y lograr más efectividad en la prevención, con la participación de los colectivos de dirección y los trabajadores”. Si logramos detectar a tiempo las ilegalidades, y aplicando rigurosas medidas estaremos ganando terreno para cimentar una sociedad libre de corrupción, pero el camino es difícil.