Una mirada desde adentro

La familia es la base de toda sociedad. Foto: InternetLa familia es la base de toda sociedad. Foto: InternetFamilia y sociedad han de andar juntas, solo así lograremos la correcta y armónica expresión de las relaciones humanas. Con tal reflexión aludimos a la responsabilidad de los padres y el resto de los adultos de inculcar correctos hábitos y normas dentro de la educación formal y el comportamiento fuera del hogar con el resto de las personas.

El trato respetuoso no debe discriminar rango. Nos referimos tanto a las personas adultas como a los menores o entre los de la misma edad. Esto incide en la autoestima, en la valoración que otros tengan de nosotros y entonces se manifiesta ese sentimiento en el intercambio de la vida diaria se respira un ambiente agradable y hace que fluyan las opiniones.

La manera de expresarnos, el tono, las expresiones incorrectas, groseras e hirientes no tiene la razón. Nada nos da derecho a agredir o faltar el respeto. Esa actitud denigra al ser humano, no existe autoridad con imposición, solo el proceder con cautela, esgrimir la razón y el apego a los establecidos por las normas de convivencia y urbanidad se erige un hogar, una familia y se consolida en las distintas facetas de la sociedad que debe sentirse como la casa más grande.

Ser solidarios y afables entre los miembros de la familia condiciona el trato hacia los demás fuera del hogar. Entendamos que la educación formal y la buena conducta no están en un mismo espacio, ella nos acompaña siempre y debe irradiar para sumar sentimientos de aceptación, buen trato y cooperación desde las normas personales hasta la extensión en el resto de las relaciones, siempre a favor de la convivencia, en un clima de paz y entendimiento.