La llegada de un hijo a la familia trae consigo además de una dicha y felicidad increíble, una responsabilidad compartida. Sin forzar roles las lecciones tienen que fluir transparentes y el acuerdo de lo permitido debe ajustarse sobre la base del respeto, con autoridad, sin violencia, con posibilidad de negociación no importa si se es niño o niña, para ambos padres, la educación corresponde por igual.
En nuestra sociedad por el modo patriarcal heredado, en muchos hogares por tradición, al padre se le atribuía el deber de sostener la economía familiar y a la madre la parte doméstica y con ello el peso de la educación de la prole, así se repitió por mucho tiempo pero el desarrollo, la participación de las féminas en todas las tareas, las acciones de reivindicación que la Revolución ha logrado a partir de las potencialidades de superación ofrecidas y el camino en ascenso hacia el empoderamiento de estas, hoy esa realidad en no pocos casos se revierte, e incluso llega a ser la que mayores ingresos aporta y por ello en el hogar se nota su ausencia física, es entonces cuando la figura masculina tiene que llenar el espacio. En mi opinión esto debe verse como algo natural, claro está que aunque cambiante aún la sociedad no está desprovista de incomprensiones y no falta quien desapruebe esto y hasta valore mal a las madres.
Pensemos que la ausencia de ellas no tiene que ser únicamente por fallecimiento. La madre puede estar en el ejercicio de la profesión, al frente de una obra, una misión internacionalista, diplomática u ocupar una alta responsabilidad en cualquiera de las esferas de la vida económica, social o política en ambos casos, la figura paterna tiene que reajustar su vida y cumplir con el deber de multiplicar el amor y la posibilidad de inclusión, nunca será limitada ni podrá sr mañana, el intercambio, el puente de comunicación tiene que permanecer abierto al diálogo con participación o conocimiento de las necesidades, los sueños, los logros y frustraciones del hijo o hija.
Aún cuando falte la madre temporal o definitivamente, el padre no sustituye a la madre pero sí está en el sagrado deber de complementar las lecciones de vida que todo ser humano tiene el derecho de recibir de mamá y papá para no sufrir del hambre de afecto, de ahí que no podrá desatenderse nunca la educación en ninguna de las etapas de la vida.