Esther Montes de Oca. Foto: InternetLas madres son como girasoles que giran alrededor de sus hijos, ellas sienten la alegría, la tristeza, el dolor, todo lo que experimentan sus retoños a lo largo de su existencia. Sin sus mimos ¿qué sería de nosotros? ¿sin sus consejos, que siempre aportan una experiencia válida para el camino por recorrer?.
Nuestra historia ha catado los sabores amargos de nuestras valerosas madres combatientes. Supimos de la experiencia de Mariana, que logró enaltecer en nombre de la libertad el honor de sus descendientes, (los Maceo), al exhortarlos con espíritu aguerrido a la lucha. Conocimos a Haydée, Melba, Vilma, Esther Montes de Oca, madre de los hermanos Saíz y otras tantas que se sumaron al sueño de vivir libremente, para que sus retoños probaran el dulzor de la autonomía, sin violencia.
Aquellas madres combatientes que lucharon también por un mejor futuro para sus hijos, donde no exista la guerra, donde podamos construir nuestra familia en paz, quienes se enfrentan a las enfermedades en otras naciones del mundo, para ayudar a los necesitados. Luego, después de un largo período de ausencia lejos de sus seres queridos vuelven a la Patria, satisfechas de hacer el bien, les brindo mi solidaridad.
Nuestras mujeres de épocas anteriores, sin importar qué podían perder, lucharon por un país justo, sin discriminaciones, donde mujeres y hombres son iguales, donde el color de la piel no es una dificultad para vivir en sociedad con todos los derechos. A todas ellas el mayor respeto, porque su ejemplo es inmortal.