LA VIOLENCIA ES MUY DAÑINA PARA LA FAMILIA. FOTO TOMADA DE INTERNET
Los padres son las personas más importantes para sus hijos, ya que inciden en su desarrollo físico, mental y social. Esa responsabilidad nunca la deben olvidar. Y uno de los aspectos esenciales que contribuyen a su desarrollo es brindarles todo el amor que puedan, aunque hayan cometido alguna indisciplina, el regaño será más efectivo si se hace con firmeza. Manifestaciones de violencia hacia ellos como los golpes y los castigos corporales, o el maltrato verbal, dejan huellas psicológicas que dañan su autoestima de forma irreparable.
Hay padres que se comportan con sus hijos de manera déspota. Ellos quieren tener autoridad pero no saben cómo obtenerla sin ser autoritarios, violentos, dominantes, caprichosos, tercos. Otros sin embargo, actúan diferente demostrando su carácter fuerte, frente a una ofensa y no se dejan provocar, meditan sus posibles consecuencias, valoran las diversas respuestas a la misma y eligen la más adecuada, la que, por lo general, evita males mayores.
Ellos no necesitan demostrar su autoridad ante los hijos, pues esta emana de su propio comportamiento, de su serenidad al enfrentar situaciones complejas, de su sabiduría; de su manera de dirigirse a ellos con respeto, y de este modo les transmiten seguridad y confianza en sí mismos: elementos indispensables para mantener la armonía en la familia y un desarrollo emocional estable de sus descendientes.
Para lograr una buena comunicación con nuestros adolescentes y posibilitar un clima agradable con ellos es prudente desterrar de nuestro vocabulario determinadas expresiones como estas:
Tú tienes que... En este caso es preferible preguntar qué ha pensado hacer al respecto, antes de trazar pautas ajenas a él. El adolescente debe aprender a encontrar soluciones propias, a manejar el estrés, las relaciones difíciles, entre otras pruebas que deben enfrentar durante su vida.
Por qué tú no hiciste... Lo que no se hizo no tiene solución pues pertenece al pasado. Es mucho mejor que el adolescente aprenda de los errores cometidos y sea capaz de volver a intentarlo, por lo que se le debe asegurar que él es capaz de hacerlo, que él puede lograrlo.
Muchos de tu edad... Esta desafortunada comparación no debe ser pronunciada jamás. Lo importante es aceptar al adolescente tal y cual es, y solidarizarnos con sus decisiones, las que por lo general, son adecuadas a sus intereses.
Cuando yo tenía tu edad... Otra comparación peor que la anterior, pues provocará una rivalidad entre padres e hijos. Cuando usted tenía su edad las cosas eran muy diferentes a como son en estos momentos. Es más inteligente invitarlo a dialogar sobre el tema que consideramos problemático, o el que posiblemente necesite alguna orientación, pero nunca ponernos como modelo que no somos.
Yo en tu lugar haría... Otro error en la comunicación, pues estamos cometiendo fraude, con el inconveniente de que nuestra opinión pudo haber sido válida para nosotros, mediatizada por nuestra experiencia pasada que no la tiene el adolescente y por nuestros juicios de valor que no son los de él. Es mucho más sensato aproximarnos a él preguntándole qué piensa hacer ante la situación que tiene y de esa manera conoceremos cuán acertadas o no son sus decisiones. Si son correctas deben ser estimuladas y si no lo son se le debe incitar a manejar otras opciones más productivas.
Estas orientaciones persiguen proveer al adolescente de relaciones afectivas y efectivas, que le sirvan de soporte ante las nuevas exigencias que esta etapa le plantea, fundamentalmente, una apropiada interacción social con sus semejantes. Esta manera adecuada de comunicarse con el adolescente le permitirá contar con los padres cuando le sea necesario a él, no cuando ellos lo deseen.
En este sentido, no tratemos de ser los mejores amigos de nuestros hijos para que ellos nos mantengan al tanto de cuánto hacen, lo cual es un atentado a su individualidad e intimidad. Lo inteligente es lograr que el adolescente tenga su vida privada, sus secretos y sólo nos comunique aquello que le es confuso, extraño, hostil, teniendo en cuenta que ellos tienen que vivir sus vidas y nosotros las nuestras. Este comportamiento también les permitirá a nuestros hijos crecer en un ambiente sano y equilibrado, lejos de la violencia.