Foto tomada de InternetCuando Napoleón invadió a España y encarceló al rey, la junta suprema de Sevilla inició una feroz persecución contra los franceses. Después del encarcelamiento del rey de España el Capitán General dispuso que todos los franceses debían naturalizarse y optar por una ocupación que fuera útil al país, además ajustarían sus costumbres a las españolas. El Marqués de Monte Hermoso avisó que todos podían hacer juramento de fidelidad hacia España ante la junta de la Villa, quienes no desearan naturalizarse debían abandonar de inmediato la zona.
Esta situación motivó una serie de trámites que el Marqués aprovechó para dilatar la salida de los franceses y que estos pudieran dejar todos sus bienes a buen recaudo con amigos y familiares de confianza antes de abandonar la Isla.
La expulsión de los franceses causó serios trastornos económicos pues muchas fincas quedaron abandonadas y la producción en la Villa descendió. Después de cuatro años el rey Fernando recuperó el trono, se restableció la paz entre España y Francia y se otorgó permiso para el retorno de los expulsados. Los franceses recuperaron sus propiedades y los cafetales volvieron a resplandecer con un aumento de la producción que permitió la prosperidad económica y comercial en la Villa.
La llegada del siglo de las luces alumbró la región y se establecieron escuelas donde se enseñaban letras, geometría, bordados, música, cortesía, vocalización, buenas costumbres, geografía y comportamiento. Los hijos de los ricos hacendados franceses enviaban a sus hijos a estudiar a Francia y los ricos hacendados criollos los imitaban.
Resulta imposible conocer los apellidos de todos los franceses radicados en la Villa. Entre ellos sobresalen los Marquetti, los Durand, Seydel, Chiappi y los Lauzán. La presencia de estos emigrantes influyó en el crecimiento demográfico de San Antonio de los Baños y en su desarrollo económico donde llegaron a existir más de 76 vegas de tabaco, 226 cafetales y 15 ingenios de azúcar.