Dos hechos que perturbaron la tranquilidad de San Antonio de los Baños

La Villa de San Antonio de los Baños, fundada en 1794 se caracterizó por ser un pueblo tranquilo donde reinaba la paz, muy pocas veces los vecinos fueron perturbados por actos de violencia. El historiador Rafael Lauzán en su libro Historia Colonial Ariguanabense cuenta dos momentos en la historia del municipio que perturbaron la paz.

En mayo de 1826 aparecen pintadas unas cruces negras en varias zonas de la Villa, sobre todo en las viviendas de personas notables. Por este motivo el juzgado del pueblo inició una investigación con carácter criminal. El asunto quedó cerrado sin conocer nunca quién o quiénes eran los autores de estas cruces negras que tanto asustaron a la población.

En varias ocasiones aparecieron escritas junto a las cruces unas décimas que decían: hace a veces la honradez perder al hombre el sentido y yo que me hallo ofendido ¿qué debo hacer señor juez? el denunciar lo que ves, pues por lo mismo delato para granjearme su trato con lo claro de mis luces los que pintaron las cruces y de Fernando el retrato. Firma: el espía del señor.

Otro acontecimiento que también afectó la paz en la Villa sucedió cuando un francotirador hizo blanco en un centinela que hacía guardia en el techo del cuartel de aclimatamiento. Este incidente trajo como consecuencia que saliera un grupo de guerrilleros al mando de Marcelino Arango, para hacer una persecución por la zona de Lombillo. De regreso trajeron tres cadáveres que tiraron en la Plaza del río.         

Los cuerpos sin vida fueron despojados de las pocas pertenencias que tenían: un anillo y un cortapluma. Todos los allí presentes fueron testigos de que los hombres capturados no portaban armas, por lo tanto se piensa que la pequeña guerrilla capturó a los tres primeros infelices que se cruzaron en su camino. Después de mucho averiguar, las víctimas fueron identificadas y se conoció que ese día estaban de casualidad en la zona.

Al terminar la guerra Arango abandonó Cuba pero el hecho quedó grabado en la mente de los ariguanabenses que tiempo después escribieron estos versos populares: Arango, asesino humano ¿qué hiciste con el anillo que ganaste en Lombillo por asesinar cubanos?, ahora mandas preguntar si a Cuba puedes volver, ven que te vamos a hacer lo mismo que a Llobregat.


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