Ciego de Ávila campeón. Foto tomada de Internet
El breve espacio de Ciego de Ávila no fue usurpado. La corona de la pelota cubana quedó en su propio sitio y los peloteros de la central provincia, desbordaron el júbilo por el nuevo título nacional.
Ganaron y reeditaron lo que no sucedía desde la serie 2008-2009, cuando Santiago de Cuba repitió la corona de la serie anterior. Los tigres de Ciego dejaron bien sentada su garra en el partido final, en el juego que había que ganar, el de la honra y vergüenza para regalar la corona a una afición delirante que nunca defraudó y siempre tuvo confianza en sus peloteros.
Vázquez, Borrero, Raulito, Borroto, Yeniet, Rober Luis, José Adolis, Avilés, Fiz, Vladimir, Lázaro Blanco, Duquezne, todos, absolutamente todos jugaron su papel en este título. Unidad, entrega a la camiseta que defendieron, concepto de equipo y mucha disciplina llevó a los Tigres a su tercer cetro en el país.
Un artífice tuvo Ciego de Ávila, su manager Roger Machado. Confianza plena en los peloteros, comunicación absoluta para solucionar problemas internos, si es que los hubo, excelentes relaciones humanas con el cuerpo técnico y mucha fe en la victoria lo caracterizaron durante la serie.
El breve espacio de Ciego no dejó cabida para otro equipo. Solo uno podía coronarse y los Tigres le pusieron sabor a piña a la pelota de la Isla. La prefiero compartida, así dice en uno de sus versos el cantautor Pablo Milanés. Así lo hubieran querido muchos de los seguidores del béisbol nacional. Solo puede haber un campeón, pero Pinar del Río también merecía la corona.
Los de vueltabajo le dieron sabor a tabaco a la final del torneo doméstico. Hicieron lo que ningún otro equipo había logrado, remontar tres partidos y empatar la serie, cuando parecían muertos, cuando parecía que Ciego pasaba la escoba y ganaba fácil la 55 edición de nuestro pasatiempo nacional.
Falló el pitcheo pinareño cuando debía. Aprovechó la ofensiva de Ciego cuando hacía falta. ¡Qué tremenda final!. Siete juegos para vibrar de emoción, para demostrar que a pesar de los problemas que tiene nuestra pelota, todavía enciende comentarios y la gente opina de esta o aquella jugada.
Michael, Saavedra, Alarcón, Duarte, Torres, Ramírez. Esos peloteros también merecen el aplauso. Merecen el mejor de los recibimientos en Pinar del Río. No son los campeones, pero el aroma a título lo llevan aún impregnado en el alma. Estuvieron cerca. Llegaron a siete partidos, cansados, pero llegaron para pelear el éxito. Un juego lo gana cualquiera y Ciego de Ávila, jugó mejor desde el primer inning y por eso merece la corona. ¡Felicidades, campeones!