Foto: InternetLa mujer cubana comparte responsabilidades en el desempeño como ser social. Es trabajadora, madre, mujer y en los diferentes frentes de la defensa también dignifica el papel de las féminas en el objetivo de seguir alcanzando peldaños en la igualdad de género. A propósito conversamos con Roselí Olivera Gregore, trabajadora civil de las Fuerzas Armadas Revolucionarias en el Sector Militar del territorio ariguanabense.
¿Cuándo llegas a las FAR?
Concluí en el año 2008 los estudios de gestión documental y me interesé por las FAR, me presenté en el Comité Militar y formé parte del colectivo.
¿Cómo fue en los inicios?
Los conocimientos sobre gestión documental me sirvieron, lo ejercí y formé parte de ejercicios militares, la experiencia fue decisiva, prendió aún más mi inclinación por la vida militar. Vestí de verde olivo, maniobré, armé y desarmé un fusil, hice prácticas de tiro. Estas acciones son recuerdos imborrables dentro de las FAR y como trabajadora civil.
En una retrospectiva del tiempo, aquella joven de 18 años ¿cómo lograba la realización personal?
Como cualquier joven normal de nuestro país. Con deseos de estudiar, de crecer como ser humano, compartía con mi pareja mis sueños y el resto de las actividades, pues también él se desarrollaba en la vida militar, seguí superándome y cursé estudios de Informática vinculados a las FAR.
¿Por qué decides pasar a ser trabajadora civil de las FAR?
Esta es una opción que se nos brinda al desempeñarnos en este centro y recibo un trato especial, forjaron en mí disciplina y amor al trabajo. Me desempeño como funcionaria del Comité Militar, atiendo operaciones y en dicho departamento la documentación.
¿Cómo logras cumplir las exigencias de las FAR y del hogar junto al resto de las responsabilidades?
Tengo 27 años, una niña de 5, soy casada y milito en la Unión de Jóvenes Comunistas, estoy vinculada a las FAR desde el 2008. Guardo experiencias de toda esta conjugación de responsabilidades pero la más importante es el apoyo familiar y del colectivo del centro, la consideración de todos que me permite crecer, por ello olvido los días separada de mi familia, las molestias del calzado, la dureza del polígono, la sed de las maniobras, pues forjaron mi personalidad y mi carácter, además acentuaron la decisión de permanecer en las filas de las FAR y el orgullo de ser parte de esa tropa de mujeres defensoras de la patria.