Mujer: Música y belleza en el deporte

MARITZA MARTÉN. FOTO: INTERNETMARITZA MARTÉN. FOTO: INTERNET Regresa marzo con aroma de mujer. Regresa para festejar la presencia de un ser inmenso, genuino, único y especial, que sensibiliza y enaltece todo lo que toca.

El deporte muestra a la mujer como su máxima expresión de belleza, musicalidad, armonía, entrega y pasión en cada competencia. Hoy celebramos el Día Internacional de la Mujer y escribir esta crónica es una manera sencilla y diáfana de resaltar sus logros en una pista de ciclismo, en el lanzamiento de una jabalina, martillo, disco o bala, en el ippón dentro del tatami, en los remates del voleibol, las canastas del baloncesto, el pedaleo en la pista o la ruta del ciclismo y en el movimiento de las piezas del ajedrez.

Mujer, hay música en tu alma de atleta, en tus lágrimas de emoción cuando subes a lo alto del podio, después de un esfuerzo inmenso y escuchas el himno de Bayamo. Hay coraje, valentía, desgaste físico y espiritual. Hay también abrazos, sonrisas, jolgorio. Hay suspiros, lamentos, incomprensión, injusticia. Todas esas cosas te cubren en inmenso arcoíris. Sensaciones encontradas, sueños realizados o truncos, promesas cumplidas o fallidas. Así es el deporte y tú, mujer, eres parte ineludible de él. Digo María Caridad Colón y lanzó la jabalina tan lejos como ella lo hizo en las olimpiadas de Moscú 1980. Corro las pistas con la elegancia de Ana Fidelia Quirot, y Yarisley Silva, me emociona una y otra vez, cuando arquea la pértiga y surca el viento para su título mundial.

Hablo de voleibol y retumban en el taraflex los remates de Mireya Luis, encesto canastas con María Moret y comparto ippones junto a Driulis González, Legna Verdecia, Sibelis Veranes o Idalis Ortiz. Las aguas del océano regalan la brisa de una hermosa mañana, una de las tantas que vio sumergirse hasta la profundidad a Débora Andollo, para sus récords de inmersión.
 
Monto la bicicleta y me acompaña la pericia y rapidez de Lisandra Guerra, Yohanka González, Arlenis Sierra o Marlies Mejías. Esas chicas doradas del ciclismo, que tantas alegrías regalan a Cuba.
 
Escribo esta crónica y se mueve intrépido el disco de Maritza Martén, visualizo en la mente los saltos de Yargelis Savigne o Ioamet Quintero, impulso la bala con la técnica de Yumisleydis Cumbá y el martillo de Yipsi Moreno, vuelve a volar con la fuerza única de una mujer como ella.
 
Juego ajedrez y el talento de Maritza Arribas, Sirka Frómeta o Yeniet Moreno, hacen mover las piezas de un imaginario tablero, para conseguir el jaque mate, el mismo que ellas han logrado en los más encumbrados torneos.
 
Así es el deporte. Así son de inmensas y valerosas nuestras atletas. Las que engendran medallas en el Olimpo y disfrutan la magia de ser madres. Las que saben de sacrificios, carencias de implementos, lejanía familiar, caídas y golpes que la vida les impone. Ellas se levantan, se yerguen cual Turquino que besa el cielo. ¡Felicidades, mujer! Y no digo más, pues ante tanta lozanía se achican mis palabras.