BAILARINA ESPAÑOLA.FOTO. CORTESÍA DEL AUTOR
De la mano del maestro anduve las calles de mi Ariguanabo. Desperté temprano con el niño que duerme en mis adentros y salí en busca de la “Muñeca Negra”, la “Bailarina Española” y “Pilar”. Ellas estaban allí, caminaban la calle 70 de San Antonio de los Baños. Les acompañaban las palomas de la libertad, “Meñique” y los “Dos príncipes”.
De la mano del maestro, volví a beber su historia. Volví por los Versos Sencillos donde los “Tres héroes” inspiraron fe en el mejoramiento humano. El maestro se multiplicó en niños que leen sus páginas, en jóvenes que alzan su intelecto para formar parte de la historia, cual si estuvieran en Tampa, reorganizando la Guerra Necesaria.
De la mano del maestro fluyó la poesía, el verso en labios de la inocencia y la fe inquebrantable en la victoria. La patria os contempló orgullosa en este aniversario 163 del alumbramiento de un hombre grande.
El Ariguanabo jubiloso despertó para saludarle. Era el maestro multiplicado en los niños de América, en el hombre nuevo que busca emancipar sus ideales, en la hierba fresca que crece con el rocío de las mañanas, en el bosque, que no deja morir al Apóstol. ¡Gracias, Maestro! Su obra será imperecedera. Los niños de mi Ariguanabo le llevan en el corazón y cantan sus versos porque lo aman y dignifican.