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Asumir la disyuntiva: “Si maneja, no tome” es una alternativa vital, pues en ello no solo comprometemos nuestros planes, sino la vida de otros.
El acto de conducir, sea cual sea el vehículo reclama atención, concentración, capacidad de respuesta de nuestros reflejos, por ello el chofer no puede estar bajo los efectos de esta sustancia.
El alcohol incide directamente en el sistema nervioso, de ahí el peligro de conducir pues repercute en el comportamiento en la vía.
La aparente estimulación que ejerce en el individuo se revela en la demora del tiempo de reacción, falta de atención, somnolencia y la disminución de los reflejos ante situaciones imprevistas.
Reflexionemos: siempre existirán argumentos por parte de los consumidores pero si hablamos de los choferes debemos coincidir en que el alcohol les incompatible con una conducta segura. Desde el punto de vista de la seguridad vial el código lo prohíbe, lo sanciona porque provoca infracciones que ponen en peligro la vida del chofer y el peatón.
El año está a punto de concluir, el ambiente de fiesta no debe empañarse. Evitemos el riesgo, asumamos con responsabilidad esta decisión, no maneje. El alcohol es una droga, no lo olvide, no se deje atrapar por ella.
Las estadísticas de la accidentalidad por esta causa tanto en Cuba como en San Antonio de los Baños dan fe del peligro que corremos, pues la muerte y las secuelas dejarán imborrables huellas y una estela de amargura en su vida y la de los demás.


