Un hombre común

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Foto cortesía del autor

 Un hombre común camina a diario las calles de mi Ariguanabo. Sencillo, conversador, laborioso, amigo de la jarana y el buen café. Viste con humildad y siempre le veo con el tabaco en la boca y los bultos, donde guarda las cosas que para él resultan interesantes.Orlando Díaz GuillénOrlando Díaz Guillén

Padre de tres niños a los que nunca abandona, Orlando Díaz Guillén, nacido en San Antonio de los Baños el 21 de agosto de 1972, sabe de las rudezas de la vida y lo difícil que resulta hacer unos kilos para la canasta familiar.

 Este hombre común lleva sus riquezas en el alma y conoce del amigo que le brinda un regalo o lo invita a saborear un pan con croquetas. También gusta de ayudar a los incapacitados y siempre está presto a cruzarle la calle a una anciana o guiar el camino de un invidente.

 Hablar con este hombre común nos enriquece el alma. Admira la sinceridad y profesa devoción por el viejo San Lázaro, el cual lleva consigo en una estampilla. No sabe de un buen libro ni de palabras rebuscadas. Su cultura se encierra en el refranero popular sin llegar a la chabacanería, pues respeta a las mujeres, los ancianos y cuida de los infantes como el jardinero a su flor.

 Las madrugadas de Orlando guardan relación con la higiene ambiental, pues labora en Servicios Comunales y recoge los deshechos sólidos en una carrera por las principales calles y avenidas de la Villa del Humor.

 Este hombre común siente felicidad cuando le saludas y le regalas un tabaco, también cuando se interesa por la salud de alguien o saborea el café caliente en cualquier establecimiento del municipio.

 Así es Orlando Díaz Guillén. Un hombre que a pesar de su apariencia física y modo de vestir, sabe llevar la humildad como bandera y regala afecto a quien lo necesita.


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