Foto cortesía del autor
Despierta la mañana y ella le roba tiempo al amanecer. Camina sin compañía junto al rocío de la madrugada y la brisa tenue que acaricia su rostro. En horas del mediodía, se le puede ver, cuando el sol brilla en medio del cielo. Cada día la misma rutina. La carretera que une al caserío “El Valle” con San Antonio de los Baños, es el escenario habitual. No conoce de elegancia, ni presume de coquetería femenina para conquistar el nuevo amor.
Milagritos por las calles de San Antonio de los Baños
Milagritos, mujer humilde, campesina y pobre. No sabe los secretos y encantos que guardan los libros, tampoco tiene cultura, el léxico es en ocasiones incoherente para establecer la comunicación. El lenguaje es endeble y escaso en la dicción. Sin embargo, se comunica, cuenta sus historias y la gente la escucha.
Para muchos ariguanabenses, Milagritos es una loca sin fortuna, que solo tiene espacio para caminar las calles de la Villa sin nociones del tiempo. La identifica un atuendo personal muy rústico, pantalón y camisa de mangas largas, una gorra, una bolsa larga que pende del hombro con las manos ocupadas, unas veces con objetos rudimentarios y un perrito al que dice amar demasiado.
Desatinada en sus argumentos y con historias diferentes que contar cada día, Milagritos tiene ilusiones en el cotidiano proceder. Dice estar embarazada y sus pupilas brillan con la ilusión de ser madre. Nació en el Palenque y tiene momentos en que aparece llena de coloretes en el rostro y los labios pintados de forma extravagante.
Milagritos también aporta desde su descabellado mundo. Es útil a la economía del país y suma sus esfuerzos recogiendo cuantas latas y cajas de cartón encuentra a su paso, para llevarlas a materias primas. Eso la llena de ilusiones y la gente le estimula, le regala un halago y le sonríe.
Ella es la genuina figura que motiva una caricatura, una décima o crónica. Milagritos es soñadora, intrépida y conversadora, sin dudas, una gente que recordará este pueblo.

