Foto tomada de Intenet
Ángelito Valiente junto a Jesús Orta Ruiz ¨El Indio Naborí¨
La espinela del ángel toca mis oídos y rima cual verso que acompaña la campiña de mi Ariguanabo. No podía ser de otra manera si tiene la autoría de un poeta de exquisita textura y gigantesca obra.
Ángel Valiente, nació el 28 de febrero de 1916 en el seno de una familia humilde en la calle Juan Delgado entre Ancha y Jesús Planas. ¡Que gran honor le hizo a su nombre!. No hay dudas, fue un ángel para cantarle a la vida, los campos, la mujer. Cantaba y su espinela crecía en el viento con el aplauso de cada auditorio. A los ocho años ya componía versos que lo hacían popular entre amigos y vecinos.
Poeta de gran vehemencia escénica, con teatralidad y mesura, supo imponer su estilo y dejar la impronta en encendidas décimas junto a Jesús Orta Ruiz, El indio naborí. De letra menuda y firme, Valiente hizo temblar el Casino Español de San Antonio de los Baños con efusivas décimas el 15 de junio 1955 y más tarde, el 28 de agosto repetía la escena en Campo Armada.
Metáfora, símil, patriotismo, cubanía y destellos de luz en una garganta que nunca se apagó, hacen de este hombre un artista de pueblo, que supo erguir su poesía hasta la inmensidad del cielo, con la frescura del penacho que se abanica en las palmas o el cantío del gallo en el amanecer de nuestros campos.
El tiempo pasó y queda su recuerdo. La muerte lo atrapó el 21 de enero de 1997. Yo estaba allí, acompañando su estirpe de cubano digno bajo la pertinaz llovizna de una tarde triste. Hasta la naturaleza lloró su deceso. La loza fría que guarda sus restos se achica ante la inmensidad de su ejemplo.
Padre, esposo, hijo, amigo, compañero. Genial poeta de su tiempo y de mi tiempo. Su definición como artista la resume en el poema “Yo soy así” cuando expresa:
Yo soy un poeta raro
y por el sol no me apuro
cuando el cielo es más oscuro
en la sombra busco amparo.
¡Es cierto maestro! El amparo de su sombra da luz al universo de una guitarra, un guateque, una guayabera. Usted no ha muerto. Tiene vida eterna en los que se inspiran en su obra por el brillo de las incansables musas que asoman a su frente.

