En el silencio de Cira

Foto cortesía del autor.

En el silencio de Cira encontré a una mujer inmensa. La discapacidad parcial del tren inferior debido a la poliomielitis sufrida a los 22 días de nacida, no le impidió tocar el cielo con sus manos y vivir la gloria de ser campeona del empeño, la entrega y el sacrificio.
Cira Alfonso PereraCira Alfonso Perera
Licenciada en enfermería desde 1972 y recordista nacional en el lanzamiento de la jabalina, resultan credenciales de esta ariguanabense, que a pesar de los tropiezos de la vida, sabe crecer y escalar, sin miedo a enfrentar los obstáculos.

Nació en San Antonio de los Baños, en el barrio del Palenque, el 3 de enero de 1952 y desde niña cultivó el amor por la práctica deportiva. La educación física fue siempre su asignatura preferida. Jugaba baloncesto, voleibol, atletismo y tenis de mesa. Tenía la estirpe de los campeones y siempre la supo llevar bien en alto. No era estilista, ni presumía de exuberante bellaza, pero el alma estaba curtida del mejor acero, se sabía campeona y entrenaba en busca de sus medallas.  

En el año 1980 integra el equipo Habana a los Juegos Deportivos Nacionales para Discapacitados. Era la gran oportunidad de soñar despierta y demostrar lo que se puede hacer con empeño y deseos.

Cira Alfonso Perera escucha su nombre por el altavoz en el estadio. La modalidad de lanzamiento de jabalina era su fuerte. Todos esperaban un buen disparo para que subiera al podio. Ella lo sabía y estaba comprometida con el equipo, el pueblo, la gente del barrio.

Toma impulso en la silla de ruedas y lanza el dardo, el implemento vuela, vuela surcando el cielo en busca del espacio para una marca superior. ¡18 metros! Nuevo récord nacional para la especialidad.

Mientras conversa es efusiva en cada palabra y deja brillar sus pupilas. Recuerda ese momento de gloria y se empina en el tiempo. Muestra la camiseta del equipo Habana y también la que vistió en la selección Cuba, cuando estuvo en los IX Juegos Deportivos Panamericanos para Discapacitados sobre Sillas de Ruedas, realizados en Venezuela en el año 1990.

Entonces se erigió como la mejor figura de la delegación criolla. Medalla de bronce en la jabalina. Emoción, gratitud al sistema revolucionario, regocijo por el deber cumplido, le hacen llorar. El abrazo de sus compañeros de equipo no se hizo esperar. Vítores con su nombre resuenan aun en sus oídos: ¡Campeona, campeona, campeona!

Demostrar la atención que reciben en Cuba los que, como ella, sufren alguna imperfección física, pero practican deportes, le motivó a escribir. Una ponencia con el título: “Cuba y los discapacitados” la llevó a Islas Martinica en 1988. Talento y capacidad le premiaron. Trajo a la patria el reconocimiento como mejor ponente en el evento internacional.

Así es Cira Alfonso Perera. Sencilla como las rosas que perfuman su patio, pero inmensa, cual silencio que acompaña sus horas. Ser activa, intranquila, exigente consigo misma y fiel seguidora de los deportes, le permiten recibir visitas a diario en la humilde casa del Palenque. Allí se yergue como la jabalina que lanzó en busca del récord. Hoy merece esta crónica en el Día del Discapacitado.

¡Gracias, Cira! Tu empeño inspira, ilumina y enriquece nuestro movimiento deportivo.


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