Foto cortesía de la familia
Carmelo de Armas Díaz
Con las armas de Carmelo escribo esta crónica. Repaso mis pupilas en el tiempo y lo visualizo en el taller de la casa. Busca piezas que parecen inservibles y las lleva a la vida útil. Es un verdadero artífice de la creación en la electrónica, pasión que desde niño lo hizo resaltar en el barrio El paradero, de San Antonio de los Baños, sitio donde nació el 23 de noviembre de 1934.
En ese mismo espacio de la geografía ariguanabense, creció Carmelo. Joven, inteligente, intrépido, supo del amor con Orquídea Lemus Guzmán, la novia de siempre, la esposa que le regaló dos hijas y que a 21 años de su desaparición física, todavía lo recuerda. Para ella, Carmelo no ha muerto, sigue cacharreando en el taller, ilusionado con un nuevo proyecto e inmerso en su principal tarea, la reparación de televisores.
La impronta de este hombre crece a diario en la señal de Radio Ariguanabo. Confeccionar el trasmisor para crear una emisora en el municipio, le llevó tiempo y sacrificio. Todo sin percibir un centavo. Dirigía el taller de Televisión a Color de San Antonio de los Baños, impartía clases a sus alumnos y en los ratos libres buscaba bibliografías para auto prepararse, pero nunca dejó la radio, pues amaba su profesión y siempre estuvo como voluntario. Fue un verdadero pionero de la feliz idea.
Conseguir el sueño le robó noches enteras sin dormir, gasto de combustible probando la señal desde su automóvil por los diferentes puntos del pueblo para conocer el alcance del trasmisor. El 8 de octubre de 1971, y luego de muchas pruebas, las ondas sonoras del éter, expandían al aire la señal de Radio Ariguanabo en la voz de la periodista Elisa Franchi Alfaro Viera. Era el inicio de una verdad que ya cuenta con 41 años.
Alfabetizador en las lomas de Pinar del Río, operador de montaje y sonido en el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba realizado en el teatro Carlos Marx y excelente padre de familia, lo marcaron para siempre entre amigos, familiares y vecinos.
Hombre de principios apegado a sus raíces y pueblo, incansable aliado del estudio, la formación de generaciones y la búsqueda incesante de documentos que le permitieran crecer como creador, fueron valores que brillaron en la personalidad de Carmelo de Armas Díaz.
Mucho tiempo vivió en el anonimato. La emisora que hizo posible gracias a su ingenio, se escuchaba a diario, pero su empeño, apenas aparecía. Sentía dolor por no ser reconocido. Pasó el tiempo y llegó un día feliz. Se hizo justicia y el creador fue protagonista de una entrevista en los estudios de la emisora que tanto quiso.
Eran tiempos de aniversario y resultaba obligado hablar del profesor. Caminar por los pasillos de Radio Ariguanabo, visitar sus cabinas y recordar los inicios en el taller para confeccionar el trasmisor, junto a Rigoberto Blanco y Odilio González, le devolvieron la autoestima.
Visitó la Unión de República Socialista Soviética, URSS, en 1988 para recibir un curso sobre reparación de los televisores a color, conocimientos que luego impartió en el pueblo a los otros técnicos y mecánicos. Ese fue uno de sus anhelos hecho realidad.
Vivió lleno de ilusiones y proyectos, muchos fueron posibles, otros no alcanzó a disfrutarlos, pero el mejor de todos, aunque él no lo viera, fue la graduación de su nieta como Ingeniera en Telecomunicaciones, profesión que lleva con dignidad y orgullo en nombre del abuelo.
El 9 de noviembre de 1991 apagó para siempre sus pupilas un hombre de pueblo. Artesano de lo imposible, cultivador del ingenio y la creación. Lo traigo a esta página como digno homenaje a quien tanto hizo por la voz de donde hay un río. ¡Gracias, Carmelo de Armas Díaz! La obra que usted ayudó a formar no se detiene y en cada salida al aire de Radio Ariguanabo, estará por siempre su nombre.

