Incremento en las tarifas eléctricas. Foto: Radio Ariguanabo
La energía eléctrica sigue siendo un privilegio en nuestros hogares. Sin embargo, a muchos no les preocupa el hecho de que esa luz con que estudiamos, trabajamos, nos iluminamos en las noches genera cuantiosos gastos en materia económica al estado cubano, por lo que se precisa del ahorro como prioridad en la hora actual.
En Cuba las tarifas eléctricas del sector residencial incrementaron considerablemente al igual que en el sector estatal. De ahí que el país fue llamado a ahorrar más que nunca a fin de evitar el sobregiro constante en el gasto de energía de acuerdo a los planes establecidos. El excesivo calor del verano y las vacaciones de la época, deciden la elevación del consumo de electricidad y por ello las autoridades del ramo alertaron en el sentido de hacer el más racional empleo de equipos electrodomésticos. De esta manera, sin dejar de utilizar los imprescindibles, la población puede contribuir a economizar el fluido, especialmente en horario pico.
Desde 1997 con el surgimiento del Programa de Ahorro de Electricidad en Cuba (PAEC), en el país se vienen tomando importantes decisiones y aplicándose diversas medidas que conducen al ahorro de energía eléctrica. Pienso que alcanzar una verdadera conciencia basada en cultura energética es una tarea que requiere de gran trabajo educativo y no se logra únicamente mediante campañas.
Ahorrar es por lo tanto, dejar de consumir aquellas cantidades de energía que no sean imprescindibles para satisfacer nuestras necesidades y librarnos de las banalidades y el despilfarro, algo que también aliviará los bolsillos de las familias.
En Cuba la electricidad se genera en plantas termoeléctricas en las que se queman petróleo crudo nacional, el gas asociado a este y un aceite importado, que se utiliza en los grupos electrógenos. Las plantas generadoras sobre todo en los horarios pico, no satisfacen la demanda de todos los consumidores del país. Por sus características naturales, el empleo del petróleo crudo nacional exige acortar los plazos de mantenimiento de las unidades generadoras y además en ocasiones ocurren roturas imprevistas que hacen que alguna planta salga de servicio, lo que provoca afectaciones.
También se produce una mayor contaminación ambiental y por otro lado, todo el proceso tiene un alto costo económico para el país. Mientras menos energía eléctrica se consuma, menos unidades generadoras deben estar funcionando para satisfacer la demanda.
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