Los seres humanos logramos convivir en sociedad a partir de la organización, el respeto, la disciplina teniendo en cuenta las leyes y normas de urbanidad que establecen pautas para el buen desenvolvimiento de la vida social.
¿Quién o quiénes somos responsables? La respuesta tiene que ser todos, es necesario involucrarnos, sentir al barrio, a la comunidad y a la sociedad en su conjunto como la prolongación del hogar. Lo que hagamos en el seno familiar en cuanto a proporcionar bienestar, sosiego, buena comunicación entre los miembros de la familia, prolonguémoslo al resto de los individuos.
Pensemos: disciplina social es contribuir a la higiene medioambiental y esta abarca muchas aristas e incluye mantener limpio nuestro entorno y más allá, no acumular o verter desechos sólidos en áreas abiertas no destinadas para ello, es además, no oír la música a altos decibeles, no utilizar un vocabulario inapropiado ni excesos de familiaridad con personas adultas, no hablar en alta voz en lugares públicos, no fumar ni transitar por áreas limitadas entre otras regulaciones que permiten armonía en las relaciones.
Reflexionemos: cuidar la disciplina social nos permite vivir de manera plena y esto toca de cerca a todas las personas, de todas las edades y para ello es necesario el ejemplo, sobre todo de los adultos, las conductas, estilos de vida, pronunciamientos y respuestas ante las disímiles problemáticas de la vida real, son lecciones para la juventud.
Las relaciones humanas basadas en el respeto al prójimo, las acciones solidarias de mutua colaboración sin que medie el interés, solo la colaboración de hacer el bien condicionan los comportamientos de los seres humanos, con ello ofrecemos la posibilidad de que se nos devuelvan las buenas acciones y se nos respete.


