Expresó el presidente cubano Raúl Castro que la escuela que necesitamos es aquella donde se vea como privilegio el conocimiento, se fortalezcan saberes y sea capaz, en cualquiera de sus enseñanzas de entregar egresados sensibles ante los problemas y dificultades de la nación.
Para lograr todo ello, en mi criterio, es indispensable la evaluación escolar, un componente esencial del proceso docente- educativo. Cada año la dirección municipal de Educación fortalece las acciones en este sentido, pues si no se evalúan correctamente los estudiantes, no existirán garantías de que han aprendido lo necesario y lo contenido en el programa de estudios.
Conocemos que una de las mayores dificultades en el aprendizaje durante varios períodos lectivos ha sido el déficit de cobertura docente. Ello influye en la calidad del proceso educativo, y por tanto, incide negativamente en las calificaciones de los alumnos.
Un ejemplo de ello fueron los resultados de los exámenes de ingreso a la Educación Superior. En el Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas “Mártires de Humboldt 7” aprobó el ciento por ciento de los presentados a exámenes, mientras que del centro mixto “Batalla del Jigüe” solo aprobó el 35.1 por ciento.
El proceso de transformaciones en el sector educacional se ha manifestado sin contratiempos mayores. Solo resta, considero, continuar la lucha contra el fraude académico, otro fenómeno conocido que muchos ven como la solución para aprobar. Sin embargo, pienso que solo la evaluación correcta, rigurosa, con calidad es la única vía para culminar la enseñanza de un contenido y determinar quien tiene realmente el 100 y quien el 60. De esta manera, a largo plazo, garantizaremos el futuro del país, cuando ingresen a las universidades jóvenes que posean la capacidad para enfrentar cinco o seis años de estudio constante, y al graduarse, se conviertan en profesionales a la altura requerida en estos tiempos.


