LA MUJER CUBANA EN TODOS LOS FRENTES. FOTO: INTERNET
Las revoluciones sin fruto el empuje popular, las clases sociales mediadoras entre la realidad y las fuerzas en el poder se proyectan a favor del cambio y del mejoramiento de la calidad de vida. Así, hombres y mujeres, intelectuales y obreros, profesionales y técnicos de todos los oficios se integran en el clamor por los derechos.
A lo largo de nuestra historia la participación de las mujeres en la obra de la Revolución es determinante desde el hogar y su proyección en la sociedad. Marcado es el simbolismo de Mariana Grajales, ejemplo de madre y mujer, la familia cubana tiene un pilar en ella para la formación de valores en las nuevas generaciones. El patriotismo, el coraje, la valentía, el apego al sentimiento independentista, el amor a la libertad son lecciones imborrables para estos y todos los tiempos.
Desde Mariana, la mujer gana el espacio para ocupar el lugar que por derecho propio le corresponde; otras grandes como ella redimensionan el género y le infunde la gracia, sensibilidad, espíritu de sacrificio, entrega, amor y pujanza en defensa de lo que cree y siente como verdad, tanto para ella, como para sus hijos y el resto de la sociedad.
Disímiles son las ramas donde la mujer deja su impronta. Profesionales de la educación, la salud, la cultura, el deporte, en las ramas de la ciencia, la tecnología, la agricultura, en el campo de la investigación, en la defensa de nuestra responsabilidad, entrega, sentido de pertenencia y asume con altruismo dentro fuera del país tareas que ponen en alto a favor de la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer en el actual contexto histórico nacional y mundial.

