YARISLEY MOSTRÓ SU TALENTO DE FORMA MAGISTRAL. FOTO: RICARDO LÓPEZ HEVIA
Ella estuvo más cerca del cielo que ninguna en Toronto. En ese cielo ondeó la bandera cubana, gracias a la entereza, disciplina y constancia de la chica de Pinar del Río. Un espacio natural inalcanzable para muchos, conocido para quien sabe de amor y entrega.
Una pequeña morena de mirada firme y facciones finas, se encumbró a la gloria. Parecía imposible si mirábamos sus resultados precedentes. También, si contemplábamos el nivel de sus rivales. La estadounidense Jennifer Suhr, monarca olímpica de Londres 2012, y la brasileña Fabiana Murer, titular mundial de Daegu 2011, tenían las mejores credenciales previas al evento de pértiga en los Juegos Panamericanos.
Yarisley Silva no creyó en rivales, ni pronósticos. Tampoco en la inestable actuación en su paso por la Liga del Diamante. Saltó con elegancia, seguridad y virtuosismo en el movimiento. Como dueña absoluta del implemento, se encumbró hacia el cielo de Toronto para asombrar, crecer, soñar.
Adiós a los problemas, a la pérdida de sincronismo en la carrera mientras busca la altura, al pobre agarre de la garrocha y a las preocupaciones que asediaron su mente. Un salto de (4.85) le devolvió la confianza, le regaló el oro panamericano y un récord para los juegos.
Sonríe feliz y agradece a sus entrenadores. Recibe el saludo de sus rivales por ser la mejor de la disciplina en Toronto. ¡Primera medalla dorada para el atletismo cubano en estos juegos! Sorprende, pero estimula ¡Gracias Yarisley! Saldaste una deuda en el cielo de Toronto.