La Cueva del Sumidero

La  Cueva del Sumidero era un lugar visitado por todos los que pasaban por la Villa de San Antonio de los Baños. A pesar de encontrarse en nuestros días francamente descuidada y con un alto nivel de contaminación, sigue siendo uno de los lugares más curiosos y llamativos para la población. En las paredes de piedra caliza y en su techo en forma de bóveda, numerosos visitantes y exploradores han dejado sus inscripciones como recuerdo de su presencia en el lugar. Allí se encuentran grabados nombres de del siglo XVII y XVIII como Joseph y Phelipe, así como también algunas frases en latín y símbolos de amores románticos como corazones con el nombre del amado atravesado por una flecha.

A propósito de la Cueva del Sumidero tenemos que desde los tiempos en que llegaron a esta región los primeros vecinos para establecer sus conucos en las tierras que bordean el Río Ariguanabo, existían sobre dicha cueva una frondosa ceiba y una esbelta palma. Estos eran los símbolos del primitivo escudo diseñado en la villa.

Tiempo después la palma fue destruida por un rayo y la ceiba fue seriamente dañada hasta caerse sobre la entrada de la cueva. La ceiba que existe hoy en día fue resembrada el 22 de septiembre de 1877 siendo motivo de grandes fiestas populares, no ocurrió  así con la palma  por ser considerada por los españoles como símbolo de cubana.

La Cueva del Sumidero no solo es notable por las décimas y sonetos que se han escrito de ellas, por los cuadros y grabados que llevan su imagen sino porque en sus piedras milenarias el inspector de minas Manuel Fernando castro encontró sobre las piedras de la cueva las huellas dejadas por gigantescos mamíferos de períodos geológicos antiguos cuando la Isla de Cuba estaba unida al continente norteamericano.