Ciudad Legendaria

Que suerte has tenido Ciudad Legendaria de nacer a la sombra de la Candelaria”. Así reza esta frase promovida por el presbítero Trohadio Hernández Alayeto, cura párroco de Bejucal que encierra el amor de sus pobladores por esta localidad habanera que acaba de cumplir 295 años de fundada.

La virgen venerada por generaciones ocupa  la Hornacina Central del Altar Mayor del Templo Parroquial, testigo más antiguo de la vida de los lugareños. Es la prueba viviente de la presencia canaria que se materializó en aquellos labriegos que componían la masa de los primeros 30 pobladores.

Ahí fue colocada la imagen por Doña Rosa Pérez de de los Reyes, hermana del primer cura párroco y esposa del segundo marquéz de San Felipe y Santiago Juan Núñez de Castilla y del Castillo, constructor del palacio que desapareció con el correr de los años dejando atrás mitos y leyendas y ante el clamor desesperado de Cirilo Villaverde que veía perderse una prueba tangible del poder de los  señores feudales en la Cuba del siglo XVIII. Sin embargo la Candelaria ha estado allí escuchando las plegarias, ruegos y súplicas y siendo testigo de la riza y el llanto de quienes desesperados acudieron a ella o agradecidos la visitaron. Ahí estuvo cuando llegó el ferrocarril, durante las Charangas, en tiempos de carnavales y a la llegada del triunfo revolucionario. También estuvo allí en tiempos de epidemias como cólera, fiebre amarilla, influenza, tifus y otras, cuando la reconcentración y los períodos de sequías.

Llegó desde Tenerife y se quedó en esta tierra, bautizada por los canarios como la octava isla y los negros africanos descubrieron en ella a Oyá la dueña del Cementerio de los Yorubas, Ata el negro el hijo del veterano Guerra y de religión de Oggun le decía Mamá.

Cuando Bejucal transita hacia sus tres siglos vuelven a mi mente las frases del religioso, “Que suerte has tenido ciudad legendaria de nacer a la sombra de la Candelaria”.

 


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