Arturo Comas Pons y El Velocípedo Aéreo

Arturo Comas Pons nació  en Bejucal el 6 de junio de 1865. En ese entonces se sabía muy poco sobre dominar el espacio aéreo, escasos hombres lo intentaban; entre ellos Sir George Caley, cuyos estudios de aeronáutica fueron consultados por el joven.

Con los conocimientos adquiridos en su búsqueda,  diseñó y creó un monoplano a pequeña escala de  28 onzas de peso. La armazón era  de güines y papel; las aspas de cedro y el motor contaba con una máquina de reloj reforzada.

La prueba que tuvo lugar en su casa superó con creces sus expectativas. Al accionar el mecanismo, el equipo tomó una altura inesperada, al punto que se impactó contra el techo. Aquel fue el primer paso hacia el objetivo supremo del audaz muchacho, quien profundizó, investigó, meditó, diseñó y construyó un segundo aparato, capaz de soportar su peso. Lo probó en un farallón de una cantera situada en las afueras de Bejucal, es el lugar escogido para ello. Montó el equipo, tomó impulso, el vacío y comprobó que volaba. La sorpresa fue enorme. Aquel hecho inaudito atrapó la atención de todos. Comas Pons pedalea con fuerza, hace un esfuerzo enorme por mantenerse en el aire el mayor tiempo posible, voló unos cien metros en redondo y, finalmente, se impactó contra la pared de la cantera.

El bejucaleño Arturo comas Pons estaba tan seguro de que su invento del velocípedo aéreo funcionaba que decidió escribirle a José Martí acerca del asunto donde le explicó Las ventajas que podía proporcionar el velocípedo ya que  con media docena de ellos se podía arrojar, en medio de la noche, una lluvia de bombas sobre una población o campamento, y sobre todo, con el terror que ocasionaría. No se saben las razones por las cuales no recibió respuesta inmediata del Apóstol. La carta firmada por Félix Iznaga, en nombre de la Junta Revolucionaria en el extranjero, expresó la imposibilidad de ayudarlo, pues el dinero colectado apenas alcanzaba para la compra de armas y otros útiles de guerra.

La respuesta a su misiva no hizo desistir a Arturo comas Pons quien viajó a Estados Unidos, donde acudió a varios compatriotas en busca de la ayuda financiera necesaria para concretar el invento pero sin éxito. Entonces propuso el proyecto al Gobierno de aquel país, aguardó un tiempo prudencial hasta que la respuesta le llegó del Departamento de Guerra. En ella le notificaban que su carta no contenía un análisis lo suficientemente descriptivo, por lo cual consideraban que el aparato no funcionaría en la práctica.

El bejucaleño Arturo comas Pons regresó a la patria tras el fin de la Guerra de Independencia y se instaló en Colon provincia de Matanzas donde fungió como Profesor de Agronomía de una granja docente que tenía el nombre del ilustre habanero Álvaro Reynoso, de la cual fue más tarde su director. Aunque vió frustrados sus esfuerzos por poner en práctica el velocípedo aéreo prosiguió dando riendas sueltas a su capacidad creadora y realizó otros experimentos. Diseñó y construyó un pluviómetro muy novedoso para la época e instaló un observatorio astronómico sobre el techo de la escuela matancera de Agronomía.


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