Historia Aborigen del Ariguanabo

Don Fernando Ortiz- estudioso e investigador en nuestro país de los fundamentos y formación de la nacionalidad cubana- expresó  que el “cubano es donde se mezclan, como el tradicional ajiaco, todas las razas y culturas que conforman nuestra actual idiosincrasia” y San Antonio de los Baños también tiene su propia cultura, igualmente expresó: pocos países habrá como el cubano, donde en un espacio tan reducido, en un tiempo tan breve y en concurrencias inmigratorias tan constantes y caudalosas se hayan cruzado razas más dispares.

La presencia aborigen en el Ariguanabo, legó a nuestra cultura valores  y costumbres, a la nacionalidad cubana, fue diversa y contemplaba a comunidades de distintos niveles de desarrollo. Los de mayor progreso eran los Taínos, tenían rudimentarios conocimientos de agricultura, sembraban yuca, frijoles, ají entre otros cultivos; esto trajo como consecuencia alimentos más o menos seguros, dedicándose así a elevar sus horizontes culturales y espirituales.

Entre los objetos rituales poseían dagas ceremoniales, cuentas colgantes, dientes de tiburón, objetos de cuarzo pulimentados, bolas de piedra, las que se asocian generalmente a enterramientos. La mayoría de estas comunidades aborígenes vivían al aire libre, en campamentos improvisados, pero  también construían aldeas con plazas. En el centro realizaban las ceremonias rituales, entre ellas se tomaban bebidas fermentadas y se hacía el ritual de la alcoba, donde el cacique y el behíque  (brujo) aspiraban polvos alucinógenos mezclados con tabaco, para establecer la comunicación con los dioses.

También se bailaba y se cantaban los areítos a través de los cuales se transmitía información y recordaban hechos importantes para la memoria colectiva, practicaban un juego parecido a la pelota, en el que participaban 20 ó 30 personas de ambos sexos.

A partir de la llegada de los españoles a estas tierras , su inmediata conquista y colonización mediante fuerza y el engaño, se aprovecharon de la superioridad bélica, pues los aborígenes eran pacíficos y laboriosos. A pesar de varias acciones de resistencia, al final se impuso el mayor grado de desarrollo de los europeos.

 

Las costumbres de los aborígenes asentados en las tierras del fértil valle del Ariguanabo, eran distintas a la de los colonizadores, su religión y sus dioses no eran los mismos, por ello desde los primeros momentos entraron en contradicción.

Un ejemplo de esto fue el uso de las cuevas, consideradas recintos sagrados. En ellas, muchas veces enterraban a sus muertos, esculpían estatuillas, realizaban pictografías de tipo abstracto y rendían culto a sus dioses.

Entre los dioses adorados por nuestros primitivos se encontraba Guabancex, un espíritu femenino que cuando se encolerizaba hacía mover el viento, el agua, y arrancaba casas y árboles. Este dios se asociaba a los huracanes, los truenos y los aguaceros tropicales, fenómenos frecuentes en el Caribe.

Cristóbal Colón, caracterizó a estos aborígenes como agricultores y ceramistas, perteneciendo al grupo más avanzado de los pobladores de Cuba, eran indios procedentes de América del Sur, sembraban  tabaco, yuca, maíz, boniato, hacían casabe y fumaban tabaco.

Este grupo de aborígenes cubanos eran los llamados Taínos y dormían en hamacas, fabricaban hachas de piedra, canoas, vivían en casas de madera y hojas de palma, pescaban con guaicán o pez pega, con anzuelos fabricados de espinas de pescado y huesos. Cazaban judías, almiquíes, majáes, palomas, iguanas, patos, tortugas, careyes, cangrejos y moluscos marinos, entre otras especies.

Estos indios eran de estatura baja, extremidades cortas, pómulos salientes, piel de color aceitunado, pelo lacio y ojos hermosos. Gracias a cronistas como Colón y el sacerdote Bartolomé de las Casas, así como la labor de los arqueólogos, han llegado a nuestros días referencias sobre algunas de sus costumbres. Así sabemos de una actividad favorita entre ellos: sus areítos, también tenían gran aptitud para el baile y su canto era dulce. En el valle ariguanabense se han encontrado restos arqueológicos de estos grupos.

 

Los españoles poseían los mayores progresos de la época y los aborígenes, eran más atrasados que los europeos, triunfando desde luego, en este desigual choque, los conquistadores, que en pocos años arrasaron con casi todos los pobladores nativos y su cultura.

A nuestros días han llegado sin embargo, vocablos indígenas como son: guayaba, caoba, Guanabacoa, caney, jutía, Siboney, Ariguanabo, guandambú, baracutey, batey,canoa, bohío, ajiaco, catauro, bajareque, guano, chirimoya, Cuba, entre otros.

Platos tan comunes en nuestra cocina como la yuca, el maíz, son de origen primitivo, asimismo el ají como condimento, a estos habitantes debemos la presencia en los campos del Ariguanabo del bohío, vivienda típica campesina, el caney, la barbacoa, el uso de la hamaca,  los utensilios de yagua, yarey, el guayo, el jibe y la costumbre de fumar tabaco.

En de San Antonio de los Baños existen evidencias arqueológicas de pobladores primitivos en la Cuenca Hidrográfica del Ariguanabo y su laguna. De ahí la abundancia de nombres aborígenes no repetidos en ninguna otra parte del país como Ariguanabo, (río que baña la palma), es por ello que a los pobladores de este municipio se les llama ariguanabenses.

También se reporta el hallazgo de un hacha petaloide encontrada por un profesor rural en la zona del Tumbadero. En la cueva de los Negros, situada en la meseta de Peña, margen oeste del Río Ariguanabo, se encontró un sitio neolítico y un fragmento de mortero de bauxita litificada.

Otros reportes confirman la existencia de grupos de siboneyes y taínos que permanecieron por determinado período de tiempo en el valle del Ariguanabo, las márgenes de su río y la laguna del mismo nombre aborigen.

En el centro urbano del pueblo se encontraron objetos diversos: vasijas de conchas, gubias y cucharas. Varios de estos grupos aborígenes emigraron desde el sur de la Isla hacia la costa norte, de esta forma  pasaban por el territorio ariguanabense como parte de su tránsito hacia otros lugares.


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