La Décima

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 La décima campesina constituye parte intrínseca de nuestra nacionalidad.Aunque algunos autores ubican el nacimiento de la décima en Portugal y Francia, la mayoría de los investigadores literarios aceptan su origen en España, por haberse logrado precisamente en ese país la estructuración definitiva y adaptación musical para ser cantada.

En las primeras décadas del siglo XV, bajo el nombre de copla real,  aparecen en España las estrofas de versos octosílabos existiendo también el enlace de dos quintillas irregulares en rimas y pausas. La décima está ligada en su origen al romance y a la copla. En tal sentido Alejo Carpentier expresó: “Cualquier guajiro puede cantar sus decimas sobre la música del romance pues se corresponden totalmente en cuanto a melodía, ritmo y modo”.

Como posibles antecedentes de la décima pudiéramos  considerar a Juan Fernández Heredia, escritor, político y diplomático aragonés, nacido en el año 1310. La fórmula empleada por Fernández Heredia era tan parecida a la actual que bastaría con invertir los dos versos iniciales. Al hablar del nacimiento de la décima hay que tener en cuenta también a Íñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana, personaje clave en la sociedad y la literatura castellana durante el reinado de Juan Segundo de Castilla. Íñigo utilizó dentro de su obra poética- estrofas de 11 versos aconsonantes que de suprimirle el onceno verso sería la espinela actual. Con fórmula y rima ajustadas a la espinela, hay que hablar de Bartolomé de Torres y Naharro y de Juan de Mal Lara.

Bartolomé de Torres Naharro, fue un dramaturgo, poeta y teórico español del Renacimiento. En la obra concebida por Naharro, solo hay que sustituir por un octosílabo el sexto verso, considerado un pie quebrado; también se pueden suprimir los versos 11 y 12 en la doble sextilla enlazada. En el caso de Juan de Mal Lara, humanista, dramaturgo y poeta nacido en el año 1524, coexistió en plena adolescencia y juventud con Vicente Gómez Martínez, quien pasó a la historia con el seudónimo de Espinel al transformar la estructura de la décima en espinelas. Juan de Mal Lara, escribió “La mística pasionaria”, hasta donde se sabe, la obra más remota del uso de la espinela en la lírica española.

Vicente Gómez Martínez Espinel, poeta, musicólogo y bachiller en arte, según se cuenta, de vida bohemia, fue sacerdote, expedicionario, cantor de barrios bajos y de gran preferencia en las cortes. Con su obra titulada “Diversas rimas”, cautivó a Lope de Vega, uno de los más importantes poetas y dramaturgos del Siglo de Oro español y dentro de los más prolíficos autores de la literatura universal. Espinel añadió una cuerda más a la guitarra, fijó la pausa en el cuarto verso e hizo más fácilmente cantable la décima; determinó además la estructura definitiva de la estrofa y allanó el camino  para que la décima transitara victoriosa hacia la posteridad.

Estamos tratando la décima como elemento de nuestra nacionalidad, pero, ¿cómo llegó ésta a Cuba? En su investigación “Por los caminos de la décima”, el doctor Félix Romero de la Osa plantea que esta llegó, se aplatanó y llena de cubanía nos acompañó patriótica y desafiante en el devenir histórico de la nación.

Los conquistadores trajeron a la Isla sus formas poéticas popularizadas en España: Villancicos, Cantares, Romances y Coplas, todas contables. Después de un largo y continuo proceso se impone la décima en los asentamientos campesinos de nuestro país y surge el repentismo como necesidad de expresión de grupos cubanos y canarios radicados en la Isla. La espinela se convirtió en bandera de combate de todas nuestras guerras. Naborí en cierta ocasión expresó: “La décima colgó de la cintura de la rebeldía cubana mucho antes que el machete mambí”

La décima, con su increíble capacidad de aplicarse a situaciones diversas, pronto se convierte en la estrofa favorita del campesinado cubano. Este género puede cantar al patriotismo, a la amistad, a la laboriosidad de los cubanos, pero también al amor como en esta líneas del Indio Naborí: “Amor es todo/ es el cuerpo eterno de un dios/ que quiso partir en dos/ para juntarse después/ Donde una pareja ves/ fundiendo sus voluntades/ no veas dos unidades/ juntas por afinidad/ sino una sola unidad/ uniendo sus dos mitades”. Algunas llegan a expresar sentimientos personales, tal es el caso de esta que escribió el ariguanabense Angelito Valiente: “Yo soy un poeta raro/ y por el sol no me apuro/ cuando el cielo es más oscuro/ en la sombra busco amparo/ Prosigo la luz del faro/ de los altos arreboles/ más que los ardientes soles/ y más que la luna llena/ me gusta como en la arena/ se arrastran los caracoles”.  

Ramos copiosos de versos húmedos, lanzó al aire el carro fúnebre, al trasladar a su última morada los cuerpos sin vida de José Marichal y Angelito Valiente, describe poéticamente el doctor Félix Romero de la Osa en un trabajo investigativo donde cataloga a estos ariguanabenses como almas gemelas, como grandes cultivadores de la décima, nuestro género tradicional campesino.  

Marichal y Valiente estuvieron siempre a la altura de su tiempo; cantaron sin tregua ni descanso a grandes temas de conflictos y sucesos emocionales que acaecieron durante sus fructíferas vidas. La raíz campesina, algo que compartían como un elemento común, les permitió superar su décima de manera constante. Su décima llegaba a todos mediante programas radiales, encendidas controversias y guateques. En una composición titulada “Mi razón de ser”, José Marichal expresó: “Ya bien probada mi veta/ de irreversible martiano/ quiero ser un buen cubano/ no importa si un mal poeta/ Mi convicción no es secreta/ sé practicar el civismo/ a favor del socialismo/ he de luchar mientras pueda/ dándole cuanto me queda/ al internacionalismo”. Angelito Valiente por su parte,  en la obra titulada: “Me gusta”, dijo: “Me gusta después que acaba/ de llevar, tocar el guano/ y sacarlo con la mano/ lo que el agua moja y lava/ Me gusta ir a Punta Brava/ y allí en San Pedro, en el centro/ donde en el último encuentro/ cayó sin muerte el Titán/ sentirme arder el volcán/ de su historia sangre adentro.”

José Marichal y Angelito Valiente fueron hombres de extraordinaria sensibilidad humana que afloran su verso a cada instante, en sus relaciones inmediatas con la familia, con los poeta coetáneos, con los pobladores y la sociedad en pleno.

Ellos cultivaron la décima como defendiendo una parte importante de nuestra nacionalidad, vivieron, amaron y sufrieron, reflejando parte de sus sentimientos en sentidas composiciones. No lograron sustraerse  a la necesidad de cantar a la mujer, al amor. Valiente escribiría: “Amor de novia, embeleso, / de ternura apasionada/ calabozo en la mirada/ para la prisión de un beso/ Vemos al instinto preso/ de unas inquietudes locas/ un afán rompiendo rocas/ de vigilancia y cuidado/ cuando no se ha realizado/ el encuentro de dos bocas.”

El amor a la patria, la defensa de la soberanía, así como, el culto a los héroes y mártires, constituyeron motivos de inspiración para los ariguanabenses Angelito Valiente y José Marichal; este último escribiría: “No sé si podré en mis cantos/ hablarte a ti, patria amada,/ franja de tierra colmada/ de bendiciones y encantos/ Al ser mis anhelos tantos,/ mi amor por ti tan profundo/ quisiera un numen fecundo/ para cantar las grandezas/ ya que eres por tus bellezas/ el jardín del nuevo mundo”. A la mayor de Las Antillas dedica sus versos Angelito Valiente: “Cuba era un punto perdido/ en la dimensión del mapa/ mustia flor en la solapa/ de la traición y el olvido/ Pero Martí repetido/ en Fidel rompió el ojal/ de la solapa fatal/ y hoy Cuba es la mano franca/ que pone una rosa blanca/ en el pecho universal.”

Cuando el vuelo poético se abraza con fuerza a los sentimientos patrios, conmueven el alma. Así queda demostrado a través de la obra de Marichal y Valiente, preñada de temas sociales, económicos o políticos. Son poetas anecdóticos que asumen aristas interesantes de la realidad que les tocó vivir.  

Después de un recorrido por el origen, evolución y presencia de la décima en la Isla, nos adentramos en San Antonio de los Baños, cuna de grandes cultivadores como Angelito Valiente y José Marichal.

El doctor Félix Romero de la Osa, quien estudió a fondo la vida y obra de Valiente y Marichal, describe la  sencillez de este último, contada a través de sus hijos José Antonio y Orgilia. Cuentan que cierto abogado, curioso por la fama del poeta, se dispuso a conocerlo; cuando estuvo frente a él, observó con sorpresa a un humilde campesino. El letrado vacilante le dijo a Marichal: “Pero usted es un guajiro”, a lo que el poeta respondió: “Yo soy José Marichal/ el que todo el mundo nombra/ pero no soy ni la sombra/ de un poeta intelectual.”

Relatan que cuando la esposa de Marichal estaba en peligro de muerte, algunos de sus hijos le pidieron permiso para llevar a la casa al cura del pueblo, a lo que Marichal responde de manera serena y brillante: “Cuando el viento, bajo el trueno/ quiebra troncos, tuerce ramas/ el agua describe dramas/ de trágico desenfreno/ entonces el cause lleno/ la distancia atraviesa/ la corriente embiste, engruesa/ se agita, se escapa, ruge;/ y al desbordarse su empuje/ logra romper la represa”. Los más enconados rivales de Marichal en la controversia fueron Justo Vega Y Pedro Guerra. Desde la trinchera de su décima ardiente y sentida combatió contra los poetas de relevancia que coexistieron en su época, incluyendo al coterráneo Angelito Valiente.

El ariguanabense Angelito Valiente, se considera uno de los grandes cultivadores de la décima como género de la música campesina.  Él no escapa a los ágiles reflejos literarios que impone esa forma de creación. En cierto momento la familia, en tono de reclamo, le hace saber que nunca le ha cantado a sus nietos, a lo cual responde casi como un relámpago: “Cinco nietos tengo yo/ fuente de mis alegrías/ y hoy mismo hace 20 días/ el último me llegó/ con ese se completó/ mi alegría proletaria/ y en la casa, misión diaria/ cuando están los cinco juntos/ parecen los cinco puntos/ de la estrella solitaria.” Al poco tiempo, nació en la familia de Angelito un sexto nieto que le obliga a rectificar la décima anterior: “Yo hablé de una estrella un día”/ refiriéndome a mis nietos/ los cinco puntos completos/ que nuestra estrella tenía/ pero una niña vendría/ a variar nuestros asuntos/ no son cinco, y están juntos/ los seis nietos que tenemos/ y a la patria le ofrecemos/ una estrella de seis puntos.”

Angelito Valiente improvisaba inspirado en peticiones y reclamos que en ocasiones le hacían. En Güira de Melena sucedió algo así, al responder a una observancia del público que le reclamaba el tiempo que llevaba sin ir a cantar a ese pueblo. Valiente no pudo encontrar otra manera de responder, el verso se impuso: “Güira del alma, los años/ no te han matado al amigo/ porque digo Güira y digo/ San Antonio de los Baños/ Tus mimos y tus regaños/ son parte de mi tonada/ porque una madre angustiada/ que ve al hijo que regresa/ le da un abrazo, lo besa/ y no le reprocha nada”.

Describir a hombres Como Angelito Valiente o José Marichal puede ser difícil, pues al emitir cualquier juicio pudiéramos no cubrir las expectativas de quienes los conocieron de cerca y disfrutaron a plenitud del arte de su décima campesina.

Tanto valiente como Marichal, se resistieron a seguir cantando ante el deceso de algún familiar querido, sin embargo, el reclamo del pueblo y la propia necesidad interior, hicieron que rompieran el mutismo transitorio para que su obra poética no quedara inconclusa. Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí, resumió el talento de valiente en pocas palabras: “Homenaje merece no solo por la sencillez y belleza de sus décimas, de donde surgen inesperados destellos imaginativos… bastaba que un tema lo emocionase, para que se agarra al asunto y cantara horas y horas expresando en el temblor armonioso de su voz, los colores encendidos de su rostro y el movimiento oratorio de sus manos, las grandes sacudidas de su inspiración”



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