Rubén Martínez VillenaEnglish Version
Que un hombre como Rubén Martínez Villena, procedente de un medio muy distante de los trabajadores, se haya podido convertir en el líder reconocido de la clase obrera cubana, se explica por su extraordinaria modestia, su honda sensibilidad humana, y su rebeldía natural ante la injusticia.
Rubén fue asesor legal de la Confederación Nacional Obrera de Cuba, la Federación Obrera de La Habana y de otros sindicatos, labor que le permitió poner sus conocimientos de abogado a disposición de los oprimidos.
Cuando la persecución y la enfermedad lo obligaron a internarse en un sanatorio soviético, desde allí siguió trabajando por la consolidación de un partido de masas que se preparaba para la lucha armada y la toma del poder.
Corría el año 1933 y su organismo se consumía minado por la tuberculosis. Ya no había tiempo para recuperarse. Desde su lecho de enfermo salieron directivas, manifiestos y tácticas a seguir. El 16 de enero de 1934, pero después de recibir la grata noticia de la culminación del Cuarto Congreso Obrero por la Unidad, sus pupilas se quedaron fijas en la muerte.
Fue tendido en el Salón de los Torcedores y frente a él desfilaron durante horas miles de hombres y mujeres del pueblo que se dolían de la inmensa pérdida.
Su esclarecida voluntad de poeta revolucionario quedó fijada en una carta de 1920 donde advirtió: El que recuerda vive en el pasado; el que sueña vive en el futuro.