Fotos:Alejandro Avila García
Sepelio de Dago en el Cementerio Local de San Antonio de los Baños Foto Alejandro Avila García
A la memoria de Dagoberto Rodriguez Hernández, ¨Dago¨
Hermano:
Le confieso que me resulta bien difícil hilvanar ideas para escribir de usted, más en este minuto de dolor que nos embarga a todos. Has dejado de existir y la gente del pueblo lo siente profundamente. Ya no volverás a despachar el calientito café en las mañanas y las tardes desde la ventana de la sala, ese sitio donde naciera la peña deportiva “Mario Morera”, la que con su esfuerzo, llegó a la categoría de Vanguardia Nacional y la mantiene. Ya no estarás atento a la última presentación de la querida nieta Zoylín, en el más exigente teatro, ni sus pupilas se bañarán con alguna lágrima cuando, exprese sus criterios acerca de un tema neurálgico de la sociedad.
Hoy le regalo el último adiós con las palabras más sentidas de la vida. Padre, hermano, amigo, compañero, hombre humilde de mi Ariguanabo que solo supo trabajar en bien de su comunidad y familia para la felicidad del hogar y de la gente que le quiso.
Amigo de la charla matutina, del último encuentro de béisbol de su equipo Industriales, la carrera más veloz del atletismo con Usaín Bolt o el gol de Leonel Messi con el Barcelona frente al Real Madrid. Alegre, ágil, gentil, caballeroso y disciplinado, fueron cualidades que le distinguieron en su paso por la vida. Allí, en la espaciosa sala de la casa, sitio que fue escenario de exposiciones y encuentros con glorias deportivas.
Familiares, amigos e integrantes de las Peñas Deportivas dan el último adiós a su presidente Dagoberto Rodriguez Hernández Foto Alejandro Avila García
Ya no más dolor en espera de su deceso. ¡Caramba!, que ingrata fue la muerte para llevarte consigo. ¡Lo sabías, hermano, lo sabías!. ¡Robusto cuerpo de deportista! .
¡Batalla hasta el final! . En los últimos minutos de aliento, el corazón paró, una, dos, tres veces, y usted ahí, como el lanzador que fue y que siempre llegó para dar el cero. Ahora la vida le jugó su cuartada, lo dominó con las bases llenas sin poder decidir.
Dejas de existir y nos deparas un gran vacío. ¡No hay solución posible!, es la ley de la vida. Le confieso que me cuesta verle inerte, inmóvil, sereno, como nunca antes. Pareces dormido, pero no es así, estás muerto y es duro, pero aceptarlo es solo el inicio de la conformidad, para saber que a partir de ahora, usted se encumbrará por el camino del cielo, en busca del sagrado recinto donde descansan las glorias deportivas de su Ariguanabo. ¡Hasta siempre, Dagoberto Rodríguez Hernández!, o mejor todavía, adiós, mi Dago querido.