Por su condición de haber nacido en una familia acaudalada, Ana Betancourt recibió una educación pragmática como correspondía a las mujeres de la época sobre bordado, tejidos, cocina y atenciones hogareñas. Con el paso del tiempo se fue convirtió en una bella joven de ojos negros y expresivos, fuerte espíritu, voz inalterable de timbre dulce y severo a la vez, pero de una majestuosidad apreciable.
Conoció al joven Ignacio Mora de la Pera, proveniente también de una ilustre familia de abolengo con quien contrae nupcias el 17 de agosto de 1854 en la Iglesia de la Soledad. Quiso Ignacio Mora que su esposa no sólo se ocupara en los quehaceres domésticos como era de esperarse, así que promovió el ávido interés de Ana en ampliar sus conocimientos. Gracias a esto y a su dedicación a los estudios, pudo estudiar inglés y francés y alimentar su espíritu con rica literatura y convertirse en una mujer perspicaz y culta.
Las corrientes independentistas que corrían por la Isla de Cuba en los años antes del inicio de la lucha por la independencia de España van abrazando el corazón de la joven pareja que cada vez desarrolla más sus sentimientos patrióticos por ver su tierra libre. Mora, de ideas avanzadas, parte junto a Ignacio Agramonte a luchar por la libertad de Cuba en noviembre de 1868, días después de la clarinada de Carlos Manuel de Céspedes, en La Demajagua. Ana le despide y le alienta: "Por ti y por mí, lucha por la libertad". Poco después y a causa de sus ideas, tuvo Ana que salir hacia la manigua junto con su esposo, con quien comparte todos sus sufrimientos.
En la Asamblea de Guáimaro defendió el derecho de la mujer a ser reconocida como igual y a que se le permitiese luchar por la libertad de su patria. Es capturada en julio de 1871 en La Rosalía, cerca del Chorrillo (Najasa) donde el enemigo los sorprende.
Una rápida estratagema de Ana permite escapar a Ignacio Mora, pero las tropas españolas la detienen y la llevan presa hasta un campamento en las cercanías de Santa Cruz del Sur, donde enferma de reuma a causa de la dura vida en el campo y la influencia de la intemperie, sufre el horrible espectáculo de los abusos con los prisioneros. Meses después es deportada, en octubre de 1871 y sale a bordo del vapor City of Mérida hacia Nueva York.
A la edad de 69 años contrae una bronconeumonía fulminante que le produce la muerte en esa capital europea el 7 de febrero de 1901, justo atravesando los preparativos para regresar a Cuba.
En su honor fue creada la Orden Ana Betancourt al mérito, otorgada a aquellas mujeres que por su acción y labor hayan contribuido a la defensa de los valores femeninos y revolucionarios, que demuestren méritos revolucionarios e internacionalistas o de gran valor en algún frente de trabajo de interés nacional. En un principio fue ideada esta orden como máximo galardón a ser otorgado por la Federación de Mujeres Cubanas (FMC). Desde 1979 fue elevada al grado de Premio de Estado.