Redescubrir a Regino E. Boti como hombre multifacético

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Regino E. Boti (1878-1958) uno de los principales cultores del modernismo, es considerado un escritor fecundo de la pasada centuria, junto a los poetas José Manuel Poveda y Agustín Acosta, del primer renacimiento lírico del siglo XX.

Su obra necesita mayor difusión, sin dudas una buena propuesta para el desarrollo del hábito de leer y la promoción de la lectura entre los jóvenes, vale la pena redescubrir la profundidad lírica de este multifacético hombre de letras que se adentró en otras muchas expresiones de la cultura.

 


Hablar del modernismo literario de nuestro continente, representa para las nuevas generaciones una cita obligada con Rubén Darío, José Martí o Julián del Casal, pero pocas veces se piensa en los textos de Boti continuador de esta corriente estilística.
Libros como “Arabescos mentales” (1913) y “El mar y la montaña” (1921) superaron el legado modernista y se centraron, según la crítica, en una exquisita síntesis poética, una concisión del lenguaje que transformó sus textos en genuinas piezas de orfebrería, exponentes de la mejor vanguardia artística de su época.

También cultivó una poesía amorosa expresión de la sensibilidad latinoamericana, consagró su vida al conocimiento, ejerció el magisterio en escuelas públicas y colegios privados, se dedicó al periodismo en importantes publicaciones de su tiempo como la Revista Avance, El Fígaro, Bohemia o la Revista Bimestre Cubana.

Boti es un talento poseía un saber enciclopédico, su vocación por el estudio, lo llevó a graduarse de Doctor en Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana en 1942, luego ingresó como miembro a la Academia de Historia de Cuba, la Academia Cubana de la Lengua, y la Academia Hispanoamericana de Ciencias y Artes de Cádiz.

Para este poeta, el arte es un reflejo de la realidad. De las formas naturales y de la realidad social es que surgen idealizadas las formas artísticas, y a medida que se va desarrollando la sociedad y el nivel cognoscitivo del hombre van surgiendo nuevas imágenes, el arte tiene un carácter social y aún sin pretenderlos este se manifiesta en la obra o está la tendencia a expresarse.

Ramón Vasconcelos al valorar la obra de Boti expresa: Vibra unas veces la cuerda lírica, otras la erótica, a ratos es simbolista, y a ratos parnasiano; lo único que no tiene voces insinuantes para él es la epopeya. Y es porque en la epopeya, hasta el grito de los héroes tiene sonoridades teatrales. De ahí que sus mejores producciones sean los "Ritmos panteístas" y el "Himnario erótico", manifestaciones únicas, este último, en Cuba".

 


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