Padre histórico de los cubanos

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“Oscar no es mi único hijo…soy el padre de todos los cubanos”. Así respondió Carlos Manuel de Céspedes en un gesto intransigente ante la propuesta española de liberar a su hijo, si renunciaba a sus principios de independencia. Como Oscar, todos los cubanos que murieron en defensa de la Patria merecían un padre como él, de sumo interés y entrega total, valentía y honradez. A pesar de haber nacido en seno de familia acomodada, el 18 de abril de 1819 vio la luz en Bayamo un ser noble, justo, que sacrificó su riqueza por la independencia.

Céspedes organiza y dirige el alzamiento de la Demajagua, le ofrece la libertad a sus esclavos y los invita a luchar junto a él.

Representó el sector más radical de la Revolución que se iniciaba, elaboró el Manifiesto del 10 de Octubre, donde plantea: “Nadie ignora que España gobierna a la Isla de Cuba con un brazo de hierro ensangrentado, no puede pedir remedio a sus males sin que la trate como rebelde, y no se le concede otro recurso que callar y obedecer”.

Céspedes se opuso a ese silencio y fue uno de los protagonistas de la Guerra Grande, con todas las victorias y reveses que esta supuso. Toma la ciudad de Bayamo y s ele ve junto a Pedro Figueredo en el acto donde se entona nuestro Himno Nacional por primera vez.

Un día su grandeza de espíritu y la fuerza de sus ideales lo convirtieron en Presidente de la República en Armas. Luego de su destitución por la Cámara de Representantes, se retira a una finca en San Lorenzo, sitio donde funcionaba un hospital mambí. Allí muere, descubierto y apresado por tropas enemigas.

Su partida dejó un vacío en el movimiento armado, pero la lucha continuó, abonado el camino por quien fue el padre histórico de los cubanos.