Cuando veo a los niños y niñas salir de la escuela, en un alboroto y alegría que resuena en las calles, ellos y ellas cogidos de la mano de sus padres, entonces, a pequeños saltos en el aire, le piden a mamá un helado, o a capricho, el caramelo pura miel, como la sonrisa que queda en los labios de los que saben querer, “así” veo a Eduardo García Delgado, en el mangle rojo enmarañado de la Ciénaga y en el aire el olor dulzón y escurridizo de la leña calcinada bajo el ojo de la carbonera, donde el mar y la humedad “ se truncan”, se lamen ante la indiscreción del asfalto. Eduardo, todo un muchachón, para la guerra se interpuso y nadie iba a dar un paso atrás, en los días de Girón. Eduardo García Delgado, tuvo tiempo antes de morir, para escribir con su propia sangre, el simbólico nombre de Fidel.
No había pensado en morir, porque a esa edad, solo se habla de la vida y se le canta, se le dice poemas a la novia, se besa en los labios y se sueña con crecer.
Para todos, abril es el mes de la victoria, para los niños, es vida, juego, amor, gracias a su pueblo heroico, que no vaciló en un instante, derrotar a los mercenarios. Eduardo García Delgado es héroe eterno, su sangre numerosa junto a su Patria queda, esa sangre es el símbolo de la tierra, que sigue, por eso: “Girón en los niños vive”.