La entonación en el habla, sea quizás la característica que marca la diferencia entre el oriente y el occidente cubano, una Isla estampada por un sincretismo con disparidad de culturas y por ende con influencias lingüísticas heredadas de colonos españoles, de esclavos africanos y de otros que dejaron sus rasgos dialectales en cada región del país.
“Tenemos nuestra forma peculiar de usar el idioma”, explica la artemiseña Elena de la Caridad, licenciada en español y literatura, mientras trata de acercarnos a un fenómeno que se arraiga en esa provincia donde confluyen expresiones lingüísticas de varias regiones. Por ser un territorio eminente agrícola, municipios artemiseños como Güira de Melena, San Antonio de los Baños o Alquízar cubren las principales necesidades del sector con fuerza movilizada, procedente en su mayoría de la zona oriental o de Pinar del Río, el extremo más occidental de Cuba.
También hablo cubano
Quien se dispone a recorrer las localidades artemiseñas en transporte público escuchará diversos matices en el uso del idioma, representativo de varias regiones. “Cada provincia tiene su propio dialecto”, dice sonriendo Evelio Rosal, un guantanamero asentado en Bauta, quien apenas recuerda palabras como “cutara”, “guineo” o “repollo”. “Nunca podré olvidar cuando me enfrenté por vez primera a un aula, apenas podía entender a mis alumnos o ellos a mí”, nos cuenta Nilsa Sosa quien llegó a territorio artemiseño luego de contraer matrimonio con un lugareño, aunque confiesa haberse adaptado a su nueva vida con mucha rapidez. Dice Jorge Pérez, quien ha logrado recorrer gran parte del mundo con frases antológicas extraídas de la mochila lingüística de cada cubano: “En cierta ocasión, estando de visita en Panamá alguien me preguntó, ¿hablas español?, a lo cual respondí: ¡y cubano también!”.