Dulce María Loynaz

Dulce Maria LoynazDulce Maria Loynaz English Version

Dulce María Loynaz, nació en La Habana, el 10 de diciembre de 1902. Hija del general del Ejército Libertador Enrique Loynaz y del Castillo, autor de la letra del Himno Invasor, y de la cubana María de las Mercedes Muñoz Sañudo, aficionada al canto, la pintura y el piano.

Artes despertaron en la niña una gran pasión por la poesía.
Con solo diez años, comenzó a escribir y a los 17 años, aparecen publicados sus poemas "Invierno de almas" y "Vesperal" en el periódico "La Nación” .

Luego de los viajes que realizó a diferentes países, se involucra seriamente en la poesía, en 1927 escribe “Bestiarium”, "Versos" en 1928, obra que había comenzado en 1920 y que tiene su primera edición en La Habana diez años después. En 1929, "Carta de Amor al Rey Tut-Ank-Amen”. También en 1928 había comenzado a escribir su novela “Jardín”, cuya redacción le tomó siete años, hasta 1935 y que solo vino a publicar en 1951.

En la década del 30 se vincula con grandes figuras del mundo hispanoamericano como Federico García Lorca quien a su llegada a Cuba inicia amistad con la familia Loynaz-Muñoz, Dulce María convirte su casa en centro de la vida cultural habanera, en las llamadas "juevinas" (las más afamadas tertulias literarias cubanas desde aquellas organizadas en el Siglo IXX por Domingo del Monte) donde acogió a gran parte de la intelectualidad, entre ellos los Premios Nobel de Literatura, Gabriela Mistral y Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca, Alejo Carpentier, Emilio Ballagas, Rafael Marquina, Carmen Conde, Gonzalo Aróstegui, María Villar Buceta y Angélica Busquet.

La personalidad poética de Dulce María Loynaz, estuvo siempre presente en España, entre el público y la crítica académica, y es ampliamente conocida en todo el mundo hispano hablante, apoyada fundamentalmente en su creación lírica: Su poesía fuerte, aunque delicada, intensa y nada retórica, desnuda de palabras y de alma, parece escrita con la sensibilidad en carne viva.

Asistió en 1953, invitada por la Universidad de Salamanca, a la celebración del VII Centenario de la Universidad.

Por esta época su obra llama la atención de los más conocidos críticos españoles e ilustres personalidades cubanas. En 1958 se publican en España Últimos días de una casa y Un verano en Tenerife, que constituye un relato de su estancia en las Islas, y fue calificada por la autora como "lo mejor que he escrito".

A fines de los cincuenta va dejando de escribir poesía y a inicios de los sesenta rompe sus compromisos editoriales.

En 1960 realiza un corto viaje a Estados Unidos, y al año siguiente deja de ejercer la abogacía. Su esposo Pablo Álvarez de Cañas viaja al extranjero donde permanece once años, Dulce María sufre la ausencia del que fuera el máximo impulsor de su obra, en Cuba y el extranjero. A partir de entonces se encierra en un enclaustramiento voluntario, no viaja más al extranjero y apenas realiza actividades públicas, excepto las vinculadas con la Academia Cubana de la Lengua.

Dulce María fue electa en 1959 como miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua. A partir de entonces lleva a cabo una fructífera labor intelectual vinculada con la Corporación, impartiendo conferencias y disertaciones como la realizada en 1963 en el Ateneo de La Habana sobre Julián del Casal, con motivo de su Centenario, también fue  miembro correspondiente de la Real Academia Española de la Lengua y dos años después la propia institución, atendiendo a sus conocimientos lingüísticos y literarios, la nombra como individuo suyo en la clase correspondiente hispanoamericana en Cuba, autorizado por el sello mayor de la Academia.

Candidata al Premio Miguel de Cervantes se produce un despertar del reconocimiento a su vida y obra en Cuba, aún cuando el lauro recayó en el argentino Ernesto Sábato.
En 1987 es nominada nuevamente, con igual suerte adversa pues el premio de ese año recae en el mexicano Carlos Fuentes.

Durante estos años dicta conferencias, discursos, recibe premios y condecoraciones y es homenajeada por distintas instituciones culturales cubanas.

Dulce María Loynaz había sido nominada en dos oportunidades por la Real Academia de la Lengua Española como candidata al Premio Cervantes, primero en 1984, ocasión en que resultó merecedor del y posteriormente Su obra literaria revela la maestría en el manejo del castellano, decantación del lenguaje, poder de síntesis, claridad, sencillez y sobriedad en la expresión lírica. Estas y otras facetas fueron valoradas para definitivamente otorgarle, el 5 de noviembre de 1992 el Premio de Literatura Miguel de Cervantes Saavedra. Su obra se impuso a la de otros ilustres e igualmente merecedores candidatos.

Este premio se sumó a otros reconocimientos como el Premio de Periodismo "Isabel la Católica", obtenido en 1991 por el conjunto de artículos sobre este personaje titulado "El último rosario de una reina", publicados en el diario español ABC. En1993 viajó a España a recibir de manos del Rey Juan Carlos I el Premio "Miguel de Cervantes", y allí le otorgan la Orden "Isabel La Católica" y el Premio "Federico García Lorca"

Casi hasta el final de sus días mantuvo una fructífera actividad intelectual. La última aparición pública de Dulce María Loynaz, que duró apenas unos minutos por su delicado estado de salud, fue el día 15 de abril de 1997, con motivo del homenaje que le rindiera la Embajada de España, en el portal de su casa, celebrando del 45º aniversario de la publicación de su novela “Jardín”.

Al amanecer del día 27 de abril de 1997, a los 94 años , fallece Dulce María Loynaz, princesa de la poesía, quien dejó a la cultura cubana una vasta obra literaria para Hispanoamérica.


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