Industriales celebrando su pase a la final de la 51 Serie Nacional de Beisbol Foto de Marcelino Vázquez tomada de Cubadebate
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La madrugada estaba por llegar y lo que muchos esperaban no aconteció. Matanzas no pudo con el empuje del equipo más grande del béisbol cubano. Industriales sacó la casta de los campeones y dispuso fácil de los llamados cocodrillos en su propio palacio. El felino se burló del reptil.
Los azules de la capital recordaron sus momentos de glorias y con un juego cohesionado, alegre y ofensivo, no permitieron libertades a sus dignos rivales, que le dieron colorido a la serie semifinal de Occidente.
Industriales demostró ser mucho más que un equipo de béisbol. Industriales es pasión, locura, desvelo, llanto, alegría, euforia, recelo, angustia. Industriales es Cuba y su béisbol, es la poesía en un terreno de pelota, es la vitrina más alta del béisbol revolucionario. Los azules de la capital representan el sueño de un niño por el añorado autógrafo, el amor de la joven que se pinta el rostro y sonríe a su pareja mientras corea el nombre de su pelotero de preferencia, es además, un estadio, una historia, una garra bien ganada en sus doce títulos nacionales.
Industriales es Pedro Chávez, Rodolfo Puente, Armando Capiró, Tony González, Urbano González, Ñico Jiménez, José Modesto Harcourt, Pablo Miguel Abreu, Rolando Verde y Lázaro Vargas. Es un conjunto de estrellas iluminando la noche capitalina y cubana. Industriales es la enciclopedia del béisbol cubano. Es un equipo que te hace reír, llorar, despierta controversias y te invita a la reflexión.
Ayer disfruté de los Industriales de esta época. Recordé la maestría de Juan Padilla y Germán Mesa en cada doble play, la endemoniada curva de Santiago Changa Mederos, el control en recta de Lázaro Valle y la consistencia y amor a la camiseta de Lázaro de la Torre. También vinieron a mi memoria, la explosividad de Rey Vicente Anglada, la sonrisa del gran Agustín Marquetti, el coraje detrás del plato de Pedro Medina y la seguridad en los jardines de Javier Méndez.
Todas estas estrellas, se personificaron en Rudy, Raiko, Roberto Carlos, Malleta, Tabares, Urgellés, Serguey, Frank Camilo, Correa, Odrisamer y Romero. Rugió el león en selvas ajenas. Apagó la alegría de miles de gargantas en el estadio “Victoria de Girón” de Matanzas, digno escenario y excelente contrario. ¡Gracias, Industriales!, por la victoria, por lo que representas para el béisbol cubano, por la confianza de tus parciales y también por despertar amor y desamor en seguidores y detractores.
Eso dice mucho de este equipo. Industriales es grande, inmenso, intocable como el celeste cielo que los ilumina. Todavía no termina la historia, este es el prólogo de un libro que se abre para bien de la salud de nuestro béisbol. Si está Industriales la pelota vive, palpita, ilumina las pupilas de muchos y roba espectáculo con estadios llenos. Si ellos faltan, el béisbol siente que deja un pedazo de sí mismo en cada rolling, fly o ponche. Industriales de mi infancia, Industriales de siempre. Felicidades por el éxito y no digo más, porque palpita el corazón y se agotan las palabras.

