Vivir en el recuerdo es un privilegio que toca a los que pasaron por la vida y dejaron una estela de simpatías, amor y honradez en bien de la obra realizada. Eso fue usted, amiga, colega, militante, compañera, federada, madre, mujer.
Hoy me resulta difícil saber que no está y en fecha como esta, mis pupilas se bañan de lágrimas al recordar los momentos de compañía en los anteriores onomásticos. Periodista intachable, perseguidora de la última noticia, elegante en el vuelo poético de la crónica soñada, versátil y valiente en el reportaje de una situación social, intrépida y locuaz en la entrevista al obrero, artista, el maestro o la doctora.
¡Así eras, maestra!. La vida te jugó una mala pasada, la muerte se disfrazó con dolores articulares y poco a poco, fue venciendo tu anatomía. Usted se mantuvo firme, fuerte, esperanzada. Allí estaba, junto a la eterna máquina de escribir, sentadita en el sillón de ruedas, pero escribiendo, desempolvando archivos para sustentar la vida y la casa. ¡Qué grandeza de mujer vivía en su corazón!. La vida no se equivocó en sus caprichos, le permitió que naciera en una fecha histórica, el 14 de junio, igual que Antonio Maceo y Ernesto Guevara de la Serna. No podía ser de otra manera, aunque salve las distancias y los admire como revolucionarios y patriotas.
Hoy estarías de cumpleaños. Recuerdo que siempre preparabas algo para celebrarlo. Un brindis con vino casero, una comida criolla y el sabroso café cubano, que nunca le abandonó. ¡Caramba!, que ingrata fue la vida con usted. Le dio paso a la muerte cuando todavía le faltaba tanto por enseñar.
Recuerdo las tertulias que hacíamos cuando revisábamos los trabajos periodísticos que llevaríamos al concurso. Siempre sugerías algo interesante y yo acataba sus consejos, porque nadie mejor que usted para darlos.
Hoy me cuesta trabajo admitir que no está. No concibo la emisora sin sus pasos entre pasillos, cabinas y oficinas de redacción. Tampoco me adapto a la idea que esté fallecida. Ya no compartiremos las jornadas de huracanes en el Puesto de Mando, tampoco el día de la mujer o las madres, cuando pasaba por su casa a felicitarle, en fin, no estás y duele. Esta vez solo me queda el aliento de escribir la crónica que nunca será perfecta para ascender a la esbeltez de su figura. Hasta siempre Elisa Franchi Alfaro Viera. El periodismo cubano y ariguanabense le extraña y necesita, se lo aseguro.