Baliño, redondo de mente y corazón

  Carlos BaliñoCarlos Baliño English Version

Para referirse al patriota Carlos Baliño son múltiples las frases que califican la valiosa vida de este pensador y hombre de acción a favor de la independencia de Cuba.

José Martí solía llamarle “ese cubano de oro”. Al patriota Ángel Peláez, en carta fechada en enero de 1892, el Apóstol recomendaba: “Quiérame a Baliño, que es redondo de mente y corazón”. Meses después, en el periódico Patria, le calificaba como “un cubano que padece con alma hermosa por las penas de la humanidad y sólo podía pecar por la impaciencia de redimirlas.


Para la prensa obrera de los inicios del siglo XX era el “insurrecto indomable […], un hombre justo, un rebelde que vivió sólo pensando y sintiendo por la liberación de su clase, para la que siempre tuvo un cerebro fecundo, un alma de poeta y un corazón desinteresado”.

Carlos Baliño López nació en Guanajay, el 13 de febrero de 1848. A su padre, arquitecto e ingeniero, lo deportaron a una isla africana por sus actividades conspirativas contra el colonialismo español. Su madre, Dolores, era una independentista convencida. Gracias al tesón con que recopiló los escritos tempranos de su hijo, hoy podemos disponer de esa parte importante de su obra.

Muy joven empezó a colaborar con los periódicos existentes en su villa natal: El Alacrán, El Fénix y La Crítica. Estos escritos le atrajeron la antipatía de las autoridades. En 1869 se vio obligado a emigrar, de Matanzas hacia Nueva Orleáns. En tierra extraña se frustró para siempre su sueño de ser arquitecto y tuvo que trabajar de cajonero. En Tampa aprendió el oficio de tabaquero y se especializó como escogedor.

Su rebeldía le acarreó la persecución patronal. Abandonó Tampa y junto con quien sería la compañera de su vida y madre de sus hijos, Dolores del Corral, recorrió casi todo el sur de los Estados Unidos.

A la lucha primera, por la independencia, dedicó su mayor esfuerzo, sin tampoco descuidar los estudios sobre los clásicos del socialismo científico. Organizó clubes revolucionarios entre los cubanos que añoraban una Cuba libre y soberana. Con Martí y otros patriotas constituyó el Partido Revolucionario Cubano en 1892 y participó en la elección del Apóstol como el Delegado de esa organización.

 

Tras el establecimiento de la república neocolonial, Baliño previno a sus compatriotas sobre lo que él consideraba un peligro mayor: la expansión del capital yanqui en el país. Alertó acerca de cómo lastraba a la soberanía nacional la dependencia de Estados Unidos.

Cuando se organizó en la capital cubana la primera agrupación comunista (18 de marzo de 1923), Baliño estuvo entre sus fundadores y fue miembro del primer comité ejecutivo. Luego, en 1925, participó en el congreso constituyente del primer Partido Comunista de Cuba.

A pesar de su condición de casi septuagenario se le vio desafiar a la policía en manifestaciones y mítines junto a veinteañeros como Julio Antonio Mella. Tenía entonces el pelo, la barba y el copioso bigote muy blancos y los obreros comenzaron a llamarle “el viejo roble”. Sólo una dolencia mortal le apartó de la lucha. Hasta su lecho de enfermo fue a llevarle la orden de encarcelamiento un juez infame y cruel. El veterano patriota falleció el 18 de junio de 1926.

Con motivo de su muerte publicó el Boletín del cigarrero en su edición de julio de 1926: “Un insurrecto menos, un roble que cae desplomado por los años; pero hay un símbolo, un modelo de abnegación, un ejemplo de actividad y lealtad […] si alguna vez la debilidad nos hace retroceder, recordemos a Carlos Baliño”. 


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