Vicentico Valdes
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Vicentico Valdés nació en Centro Habana, provincia Ciudad de La Habana, el 10 de enero de 1921, en el seno de una familia de notables músicos.
Fue cantante en el Septeto Nacional, la Charanga de Cheo Belén Puig y la Orquesta Cosmopolita.
En 1953 grabó en La Habana con la Sonora Matancera y, al año siguiente, ya tenía su propia orquesta en New York. A partir de entonces se mantendrá en la preferencia del público, sobre todo latinoamericano, hasta fines de los 80. En Cuba mantuvo un programa diario de media hora en la COCO, aunque era reclamado por los oyentes en otras emisoras capitalinas e, incluso provinciales.
Como todos los grandes boleristas, su calidad no se basaba sólo en la tesitura de su voz, sino, sobre todo, en su capacidad interpretativa, en la dramatización que hacía cuando cantaba. Comparando su voz con las de otros nombres como Orlando Vallejo, Ñico Membiela, Orlando Contreras, y el mítico Benny Moré, la suya era decididamente nasal, pero no tanto como las de sus colegas y amigos Panchito Riset y Antonio Machín, que como él, ya en esos años, estaban en EUA.
En el año 2001 recibiría un merecido homenaje gracias a la edición de la antología de poemas cubanos sobre boleros y canciones, dedicada al gran cantante y titulada “Añorado encuentro”, que contó con la selección y prólogo del poeta Waldo González López Míos, y que editó cuidadosamente la experimentada Mayra Hernández Menéndez, para la capitalina Editorial Extramuros.
Este excepcional cantante cuyo estilo particular marcó pauta, también difundió a los mejores compositores latinoamericanos de boleros, en especial a los cubanos, de los que fue un valioso promotor internacional como bien han referido no pocos de ellos.
Grabó numerosos álbumes a lo largo de su exitosa vida profesional y mereció muchísimos premios por la venta de sus gustadas grabaciones, particularmente en el mundo latino. Entre ellos varios Discos de Oro por algunas como:
• "Añorado encuentro"
• "Envidia"
• "Los aretes de la luna", reunidas en álbumes como: Lo mejor de Vicentico Valdés, Clásicos de Vicentico Valdés con la Orquesta de Bobby Valentín y Canciones premiadas de Vicentico Valdés.
Sentía un orgullo y satisfacción tal por esta canción como con ninguna otra, aunque más tarde se enamoró de otras dos, igualmente famosas, que hizo suyas en su voz:
Envidia, y Los aretes de la luna. Con éstas conformaría la tríada de su repertorio preferido, según confesara el propio Vicentico en diversas entrevistas de la época.
Al decir del compositor y fundador del feeling, Ángel Díaz, “…Vicentico fue uno de los primeros grandes boleristas en acercarse al feeling y a sus compositores. No sé si estudió canto pero cantaba como un ángel, con las aes abiertas (mi felicidaaá -decía- y la fidelidaaá). No empleaba la A ovalada o redondeada, como ensañan los profesores de canto lírico. Es, de algún modo, lo que hoy hace Luis Miguel, quien ha tomado no poco de esas figuras de la canción y el bolero.

